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ARTICULO

Acerca del autoconcepto en adolescentes de escuelas secundarias. Un análisis en contextos vulnerables

(On self-concepts of secondary school adolescents. An analysis in vulnerable contexts)

María de Lourdes Martín*- Evangelina Norma Contini** - Ana Betina Lacunza***

*Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Tucumán. Virgen de la Merced 750 - PB “B” Correo Electrónico: lourdesmartin123@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5116-7340

**Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Tucumán. San Juan 150 - Piso 3 Dto 5 - San Miguel de Tucumán. Correo Electrónico: contini.norma@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9542-9915

***Facultad de Psicología (FP) - Universidad Nacional de Tucumán (UNT) - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Av. Sarmiento 65 - Piso 5 - Dto A - San Miguel de Tucumán Correo Electrónico: betinalacunza@conicet.gov.ar ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2243-1859

Recibido el 22/03/21
Aceptado el 27/05/21

Resumen

La adolescencia, no puede ser estudiada independientemente del marco social y cultural. Se ha comprobado que los adolescentes que viven bajo condiciones de pobreza experimentan una serie de privaciones materiales y emocionales que impactan en sus modos de vida. Se encontró que las experiencias tempranas y las relaciones con el entorno afectivo influyen en la percepción que éstos construyen de sí mismos. El objetivo de este trabajo fue analizar la percepción del autoconcepto de adolescentes vulnerables de Tucumán que cursaban su inicio y finalización de la escuela secundaria. Se trató de un estudio con diseño no experimental, de corte transversal, descriptivo-comparativo. Los participantes fueron 263 adolescentes que asistían al primer y último curso de 4 escuelas secundarias de gestión estatal del Gran San Miguel de Tucumán (Argentina). Se administró la Escala de Autoconcepto Infanto-Juvenil de Piers y Harris, adaptación Casullo (1990) y una encuesta sociodemográfica. Se encontró que los adolescentes ingresantes referían mayor Popularidad en relación a sus pares egresantes. Se establecieron categorías percentilares, tomando a la misma muestra como grupo normativo. Se establecieron niveles de las diferentes dimensiones del autoconcepto. El 22% y el 25% de los adolescentes que ingresaban en la institución escolar mostraban un nivel alto en las dimensiones Imagen corporal y Popularidad, difiriendo estadísticamente de sus pares de mayor escolaridad. Esta investigación brindó datos pormenorizados sobre el autoconcepto en adolescentes que crecen en un entorno sociocultural adverso. El contexto escolar no fue una variable que influyera de modo significativo en la configuración del autoconcepto de los adolescentes.

Palabras Clave: Adolescencia; Autoconcepto; Escuela; Nivel socioeconómico.

Abstract

Adolescence cannot be studied independently of its social and cultural framework. It has been proved that adolescents living in poverty go through a series of material and emotional deprivations that impact on their lifestyles. It has been found that early experiences and relationships with the affective environment influence their self-perception. The aim of this paper was to analyze the perception of self-concept by vulnerable adolescents from Tucumán who were attending the first and last stages of secondary school. It was a non-experimental, cross-sectional, and descriptive-comparative study design. The participants were 263 adolescents from the first and last year attending four secondary state schools in Great San Miguel de Tucumán (Argentina). The Piers-Harris Children’s Self-Concept Scale, Casullo’s adaptation (1990) and a sociodemographic survey were administered. The first-year adolescents were found to refer more Popularity in relation to their graduating peers. Percentile categories were defined by taking the same sample as a normative group. Levels of the different dimensions of self-concept were established. 22% and 25% of first-year adolescents showed a higher level in the Body Image and Popularity dimensions, differing from their older peers. This research provided detailed data on the self-concept of adolescents who grow up in an unfavourable sociocultural environment. The school context variable did not affect the configuration of adolescents’ self-concept significantly.

Keywords: Adolescence; Self-concept; School; Socioeconomic level.

Introducción

La adolescencia es una etapa del ciclo vital ampliamente investigada a lo largo del siglo XX, desde diferentes marcos teóricos y disciplinas. Al hablar de adolescencia, Cassullo (2012) hace referencia a la misma como producto de una construcción histórica y social. A su vez, Musalem (2012) plantea que es entendida como un período de la vida en la que el ser humano atraviesa cambios a nivel biológico, emocional, social y psicológico. En general, es comprendida como un proceso dinámico de transformación del sujeto. Cabe señalar que no se puede estudiar a la adolescencia como tal, independientemente del marco social y cultural (Viñar, 2013). Así, el contexto económico social impacta en el desarrollo del sujeto a través de los modos de crianza, de las oportunidades de educación, del acceso a bienes de la cultura y de los valores que transmite. Dicho entorno, en ocasiones, opera como factor protector y brinda oportunidades al adolescente. En otras situaciones puede representar un factor de riesgo y condicionar el desarrollo del joven (Donas Burak, 2001).
En el caso de los adolescentes que viven bajo condiciones de pobreza experimentan diariamente una serie de privaciones materiales y emocionales que impactan en su modo de vida. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y Gobierno de Tucumán (2012), afirman que estas situaciones afectan, particularmente, a los niños y adolescentes, ya que se encuentran en período de desarrollo. Por este motivo, las experiencias que vivan durante su crecimiento, determinarán las capacidades de su adultez.
El fenómeno de la pobreza se encuentra presente en diferentes países y regiones del mundo e implica una serie de privaciones en los modos de existencia. La misma se encuentra vinculada al nivel de bienestar social (Sen, 2016). Quiroga y Duarte (2016) comentan que el 20% de la población mundial posee el 90% de la riqueza. Esta desigualdad es un factor que afecta el bienestar del 80% de la población restante. Cabe señalar que la pobreza es un factor que influye en el desarrollo del niño (Ruiz, 2012). Asimismo, señala Tuñón (2015), que una de las consecuencias de crecer en condiciones de pobreza es la disminución de oportunidades de socialización. De este modo se ven reducidas las posibilidades de acceso a actividades extraescolares y a los bienes de la cultura.

Acerca del autoconcepto en la adolescencia

La percepción del sí mismo como persona es un logro de relevancia en la infancia y la adolescencia. El autoconcepto comienza a establecerse en la niñez, cuando el sujeto logra reconocerse como diferente de los otros. La calidad de las experiencias tempranas y las relaciones con el entorno afectivo influyen en la percepción que los niños construyen de sí mismos (Torres y Rodrigo, 2014). En la adolescencia, y como consecuencia de los distintos cambios que experimenta el joven, se produce una revisión de la imagen de sí mismo (Bharathi y Sreedevi, 2016) y un proceso de transformación de la personalidad del joven (Čerešník, 2015). El autoconcepto del sujeto se modifica a lo largo del proceso de crecimiento (Cazalla Luna y Molero, 2013); a medida que el joven se vincula con adultos y pares y está inmerso en diferentes entornos, incorpora características de tales espacios. En general, se suele vincular el autoconcepto con el conocimiento de sí mismo desde una perspectiva cognitiva, mientras que la autoestima alude a una dimensión evaluativo-afectiva (García y Musitu, 2014). Entre las diversas conceptualizaciones del autoconcepto se destaca la que lo señala como el conocimiento que tiene un sujeto sobre sí, como así también, aquellos atributos que utiliza para describirse (Monjas Casares y González Moreno, 1998). Asimismo, el autoconcepto son los juicios que una persona elabora sobre sí (Casullo, 1990).
Los primeros planteos consideraban que las percepciones que cada sujeto registraba de sí mismo eran un todo indivisible y global (Cazalla Luna y Molero, 2013). Es decir, se trataba de una visión unidimensional del autoconcepto. En la década de los ‘80 del siglo XX se produce un viraje hacia una concepción multidimensional, vigente en la actualidad (Cazalla Luna y Molero, 2013; Fuentes et al., 2011; Harter, 2012; Videra García y Reigal Garrido, 2013).
Desde una perspectiva multidimensional, Shavelson, Hubner y Stanton (1976) plantean que los sujetos cuentan con una autopercepción global de sí mismos, pero también con diferentes autovaloraciones específicas. Consideran que la percepción que un sujeto tiene de sí mismo está basada en experiencias con otros dentro de un entorno. A medida que el sujeto crece aumentan los dominios del autoconcepto (Harter, 2012).
Según lo planteado, cada sujeto tendrá un autoconcepto global. Éste será positivo cuando en la mayoría de los dominios específicos la valoración sea alta, aunque en alguna dimensión su valoración pueda ser menor (Aróstegui et al., 2013). Por último, hay quienes sostienen que el autoconcepto es un conjunto de concepciones variadas de uno mismo que presentan aspectos estables y maleables (García y Musitu, 2014). En este sentido, las autopercepciones que se tiene de uno mismo se diferencian entre sí, aunque mantienen cierta estabilidad y se modifican dependiendo de las situaciones que el sujeto experimente.
En los estudios empíricos sobre el autoconcepto se observa variabilidad en los instrumentos de evaluación (Shavelson et al., 1976). Uno de ellos es la escala elaborada por Piers y Harris para evaluar el autoconcepto de niños y adolescentes (Piers, 1984). Casullo (1990) realizó una adaptación de esta escala a la población argentina y operacionalizó al constructo en seis dimensiones: Status intelectual y escolar, Ansiedad, Popularidad, Bienestar y satisfacción, Comportamiento e Imagen corporal. Este instrumento ha sido utilizado en distintos estudios con niños y adolescentes argentinos (Cabrera y Vela, 2016; Fábrega, 2010; Rivarola et al., 2006; Siota, 2013).
La dimensión Comportamiento (Casullo, 1990) evalúa la autopercepción de los comportamientos en la convivencia con los demás. El modo en el que uno se percibe a sí mismo puede impactar en la forma en que se vincula con los otros y consigo mismo. En este sentido, García y Musitu (2014) hacen referencia a la percepción que el sujeto tiene de su comportamiento en situaciones sociales, a lo que denominan como autoconcepto social. Éste está influido por las autoevaluaciones que un sujeto realiza de su relación con otros (Goñi Palacios y Fernández Zabala, 2007). Los adolescentes socialmente habilidosos se caracterizan por presentar una autopercepción positiva de sí mismos. Ambas variables se encuentran mutuamente relacionadas durante esta etapa del ciclo vital (Tacca Huamán, et al., 2020). Se ha podido comprobar que es posible establecer relaciones entre el estilo de comportamiento del adolescente y su autoconcepto. De este modo, el autoconcepto ha sido estrechamente vinculado al desarrollo personal y social (Reigal Garrido et al., 2014) y al ajuste psicosocial en la adolescencia (Fuentes et al., 2011).
Otra dimensión operacionalizada por Casullo (1990) es Popularidad, la cual alude a la autoevaluación que realiza el joven al compararse con sus pares. La popularidad es la manera en la que se percibe el reconocimiento que hacen los otros de uno mismo (Schmidt et al., 2008). En general, la búsqueda de notoriedad a lo largo de la adolescencia es cambiante según la edad del joven, por lo tanto no se puede hablar de un proceso estable sino que varía a lo largo del tiempo (Ramos Vidal, 2016). El grupo de iguales representa un espacio de relevancia en el desarrollo psicológico y social del adolescente. Éste le brinda la oportunidad de practicar modos de comportarse con otros y ser reconocido por los demás (Musalem, 2012). Asimismo, con el auge de las nuevas tecnologías digitales y de las redes sociales, ha cambiado el modo de vinculación entre los adolescentes quienes exponen aspectos de su vida empleando distintos dispositivos (UNICEF, 2016). En conexión con el status del adolescente entre sus pares, se conoce como reputación entre pares al conjunto de juicios que un grupo realiza acerca de las cualidades personales de uno de sus integrantes (Jiménez Lagares et al., 2011). La percepción que el grupo tiene de cada uno de sus miembros a través de los calificativos con los que cada adolescente es categorizado, actúa como fuerza socializadora influyendo en los modos de relacionarse entre unos y otros.
Otra dimensión del autoconcepto es la referida al Status intelectual y escolar (Casullo, 1990). Este es un dominio relacionado al desempeño del adolescente en tareas académicas (Ordaz Villegas et al., 2013; Páez Blarrina et al., 2007; Schmidt et al., 2008) y explora sentimientos vinculados a los logros conseguidos en el contexto escolar (Casullo, 1990). Por su parte, obtener logros académicos también incide de modo favorable en el autoconcepto (Barca Lozano et al., 2013). Al igual que el autoconcepto general, el autoconcepto académico se modifica con el crecimiento y con el tránsito del adolescente por el sistema educativo. Las experiencias académicas y los cambios personales que experimenta el joven son factores que impactan en la autopercepción en esta esfera (Ibarra Aguirre y Jacobo García, 2016).
En relación a la autopercepción de la Imagen Corporal (Casullo, 1990), está conformada por opiniones y sensaciones vinculadas a su cuerpo (Aróstegui, et al., 2013) y a su condición física (García y Musitu, 2014). Al respecto, en una revisión bibliográfica Cruz Sáez et al., (2013) expresan que la imagen corporal del adolescente está sujeta a notables modificaciones que exigen una continua reestructuración de la representación de su propio cuerpo. En la adolescencia los cambios que experimenta el joven, propios del proceso de crecimiento, influyen en el modo en el que se percibe a sí mismo (Reigal Garrido et al., 2014). Por su parte, Rodríguez Fernández et al. (2013) señalan cómo los medios de comunicación, a través de la información que transmiten, también inciden en el modo en el que se lleva a cabo la construcción de la imagen corporal. En este sentido, actualmente se exalta el cuidado del cuerpo y se observa una falta de delimitación de la esfera privada (Bauman, 2004). Dentro de este marco cultural los adolescentes viven, crecen y, paulatinamente, van construyendo la percepción sobre sí mismo.
Por otra parte, la dimensión Bienestar y satisfacción aporta información referida a indicadores de salud y bienestar psicológico (Casullo, 1990; Tapia et al., 2003). Los adolescentes que se describen a sí mismos con un autoconcepto favorable evidencian mayor probabilidad de mostrar sentimientos de bienestar psicológico (Garaigordobil y Durá, 2006). De este modo, contar con una autopercepción positiva, es un factor de relevancia para lograr satisfacción personal; además de un buen funcionamiento social y personal y sentirse bien consigo mismo (Esnaola et al., 2008). Aquellos adolescentes que cuentan con un alto nivel de bienestar psicológico presentan estilos de afrontamiento dirigidos a la resolución de los diferentes problemas que enfrentan (González Barrón et al., 2002).
Por último, la dimensión Ansiedad (Casullo, 1990) permite conocer la presencia de reacciones afectivas vinculadas a la ansiedad. Ésta es un patrón de respuestas que engloba aspectos cognitivos, fisiológicos y motores vinculados a la tensión y comportamientos poco ajustados motivados por una situación que el sujeto experimenta como perturbadora (Contreras et. al., 2005). Siguiendo a Herrera Gutiérrez et al., (2012) los adolescentes viven circunstancias que pueden generar vulnerabilidad (presión grupal y escolar, dificultades económicas, consumo de sustancias psicoactivas, ausencia de afecto y de patrones de autoridad en la familia); como consecuencia de tales situaciones en algunos casos pueden aparecer comportamientos ansiosos.

Autoconcepto y escuela secundaria

La construcción del autoconcepto es un proceso eminentemente social, en tanto intermedian elementos tales como la familia (Campo, 2014) y la escuela (Cohen Imach, 2010). Asimismo, la percepción del sí mismo se desarrolla dentro de un contexto social y recibe influencias del mismo (Calero y Molina, 2016).
Campo (2014) realiza una revisión de aportes teóricos acerca del rol que cumple la escuela en la formación del autoconcepto durante la niñez. Este entorno ocupa un lugar primordial en el desarrollo emocional y social del niño y ofrece la retroalimentación necesaria para la configuración de la percepción de sí mismo. Así, a través de las respuestas que brinden los adultos significativos hacia los logros o fracasos alcanzados por el niño, éste irá construyendo la imagen de sí mismo. Además, obtener logros académicos (Barca Lozano et al., 2013) y el modo de actuar de los docentes son factores que pueden ser capaces de promover en los estudiantes una autopercepción favorable (Lobos Peña et al.,2015).
El contexto escolar está conformado por variables externas al sujeto que influyen en los procesos de aprendizaje. En dicho contexto, el aula, la institución escolar y las variables ecológicas como culturales, son fundamentales (Forns i Santacana et al., 1997). La escuela es un ámbito que transmite la cultura de una población y potencia el desarrollo humano (Rockwell, 2010). En este sentido, las experiencias que se vivencian en la escuela pueden impactar, en la adquisición de competencias cognitivas, sociales, morales y afectivas del alumno (Montt, 2012). La escuela ocupa un rol privilegiado en el desarrollo integral del adolescente. En tal sentido, permite consolidar valores que intervengan en la formación de la personalidad (Torres Santos, 2018).
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la institución escolar debió ajustarse a cambios sociales y culturales. Se le exigió que fuera un espacio que contuviera afectivamente, educara y brindara cariño a sus alumnos (Di Segni Obiols, 2010). Por un lado, en numerosas situaciones la escuela debió ocupar un lugar que la familia había dejado vacante, al alejarse de sus hijos debido al trabajo y obligaciones. Así también, el presupuesto destinado a la educación fue menor al caudal de niños y jóvenes que ingresaron al sistema educativo. Este déficit en las inversiones generó una menor calidad de recursos y educación, tanto para los sectores altos como bajos (Tenti Fanfani, 2015). A pesar de la mayor concurrencia de adolescentes a instituciones educativas, uno de los problemas con los que se enfrenta la escuela actual es la deserción (Coronado, 2012). Feldman (2014) plantea que la escuela adquirió nuevas obligaciones que no deberían generar crisis en su interior. Sin embargo, muchas instituciones educativas se encuentran inmersas en problemas complejos, tienen escasos recursos y más tareas que atender. Por lo tanto, puede ocurrir que resulten ineficientes para cumplir con todas las responsabilidades que le son atribuidas.
Por su parte, el contexto escolar es un espacio en el que el niño y el adolescente pasan gran parte del día, se convierte en un entorno donde pueden aparecer algunos síntomas psicológicos que, en ocasiones, no han sido observados en el hogar. Así, los docentes suelen detectar comportamientos llamativos, por ejemplo: falta de atención, aislamiento e hiperactividad (Montt, 2012). En este contexto resulta fundamental que se mantengan abiertos los canales de comunicación entre las autoridades, maestros y estudiantes (Gavotto Nogales, 2015). Así también, la escuela incide en el mantenimiento de autopercepciones académicas favorables (Akey, 2006). Además, las prácticas que aquí se producen generan formas de desarrollo psicológico en espacios y tiempos regulados (Baquero, 2007). Como contrapartida, la exclusión del joven del contexto educativo puede vulnerar su salud mental y manifestarse en distintas problemáticas (Pérez Islas et al., 2016).
Como se ha mencionado, el autoconcepto es entendido como el conocimiento que cada sujeto tiene de sí mismo y, se tomó como objeto de estudio por el impacto que genera en el modo de vinculación con otros y consigo mismo. La construcción del autoconcepto inicia en la infancia y no es estática sino proclive a experimentar modificaciones a lo largo del ciclo vital. Esta variable de la personalidad ocupa un rol de relevancia en la adolescencia. De allí la importancia de conocer cómo se autoperciben los jóvenes que viven en condiciones de pobreza. Esta información permitirá intervenir a fin de fortalecer aquellas dimensiones que se evalúen como deficitarias. En este sentido el propósito de este trabajo es analizar la percepción del autoconcepto de adolescentes vulnerables de Tucumán que cursan su inicio y finalización de la escuela secundaria.

Materiales y Método

Diseño y participantes

Se trata de un estudio con diseño no experimental, de corte transversal, descriptivo-comparativo (Hernández Sampieri et al., 2010). La población objeto de estudio corresponde a adolescentes de 4 escuelas públicas secundarias de gestión estatal del Gran San Miguel de Tucumán (ubicada en el Noroeste argentino). La muestra incluyó a 263 adolescentes que ingresaban y egresaban del nivel secundario. El 60% de los participantes (n=159) ingresaban y el 60.1% de los adolescentes de la muestra eran mujeres. Cabe destacar que, si bien se seleccionó una muestra de nivel socioeconómico bajo, el análisis de la información sociodemográfica puso de manifiesto la heterogeneidad de los datos. Por lo tanto, según las características socioeconómicas se identificaron dos subgrupos: pobreza crítica (12.9%) y nivel socioeconómico bajo (87%) (véase Tabla 1).

Tabla 1. Descripciónde la muestra total (n =263)

Variable

Frecuencia

%

Sexo

 

 

Femenino                                                    

158

60.1

Masculino

105

39.9

Nivel socioeconómico

 

 

Bajo

229

87.1

Pobreza crítica

34

12.9

Nivel de escolaridad

 

 

Ingresantes

159

60

Egresantes

104

40

Fuente: elaboración propia

Materiales

- Escala de Autoconcepto Infanto Juvenil de Piers y Harris, adaptación Casullo (1990). Está compuesta por 80 ítems, que se agrupan en 6 subescalas: Comportamiento (autopercepción de los comportamientos llevados a cabo en la convivencia con los demás), Status intelectual y escolar (explora sentimientos vinculados a los logros conseguidos en el contexto escolar), Imagen corporal (indaga la actitud que el adolescente tiene hacia su propio cuerpo), Ansiedad (evalúa reacciones afectivas vinculadas a la ansiedad), Popularidad (permite valorar la autopercepción que realiza el adolescente al compararse con sus pares) y Bienestar y satisfacción (indaga la satisfacción del adolescente con su modo de vida). Al sumar los puntajes obtenidos en las seis dimensiones se obtiene un puntaje total. La escala es aplicable a sujetos entre 8 y 18 años de edad, de autoadministración con dos opciones de respuesta (SI o NO). En lo que refiere a las propiedades psicométricas de la escala, la validez de contenido se estimó pidiendo a tres jueces que agruparan los 80 ítems con posterioridad a un análisis de los constructos que evalúan las 6 subescalas, en forma independiente. Se encontró una correlación alta entre los tres agrupamientos (.92, .89 y .93) (Casullo 1990).
- Encuesta sociodemográfica construida para indagar nivel socioeconómico (educación y ocupación del principal sostén del hogar, presencia o no de hacinamiento). Asimismo, se examinaron variables relacionadas al grupo familiar, asistencia a servicios de salud y actividades extraescolares que realiza el adolescente.

Procedimiento

La administración de los instrumentos de evaluación se llevó a cabo dentro del horario escolar de modo grupal y de manera anónima. Se realizaron análisis de prueba t de Student, considerando como variable independiente la posición del adolescente en el ciclo escolar. Se establecieron percentiles de las escalas de la prueba considerando a la muestra como grupo normativo. Posteriormente se realizó una prueba de chi cuadrado a fin de comparar los niveles de autoconcepto de los participantes. Los datos fueron analizados con el procesador SPSS 22.
En referencia a los aspectos éticos, se respetaron los lineamientos para investigaciones con seres humanos recomendados por la Asociación Psicológica Americana (APA, 2010). En cada escuela se solicitó la autorización de los directivos. Todos los adolescentes participaron del estudio de forma voluntaria y presentaron un Consentimiento Informado firmado por su padre o tutor, que fue resguardado tal como lo indica la Ley 25.326 de protección de datos personales. Se les informó sobre los objetivos, metodología, instrumentos a emplear y los beneficios del estudio. Se puntualizó el carácter voluntario de su participación y se detalló la confidencialidad de los datos.

Resultados

El objetivo de este trabajo fue analizar la percepción del autoconcepto de adolescentes vulnerables de Tucumán que cursan su inicio y finalización de la escuela secundaria. Se encontró que los adolescentes ingresantes referían mayor Popularidad en relación a sus pares egresantes (t = 3.05, p =.003) (véase Tabla 2).

Tabla 2. Prueba t de Student, dimensiones de la Escala de Autoconcepto Infanto-Juvenil de Piers y Harris, adaptación Casullo según nivel de escolaridad (ingreso-egreso). Muestra completa.

 

Ingresaban

(n=159)

Egresaban

(n=104)

t

P

M

DE

M

DE

Autoconcepto global

62.23

12.7

60.85

14.32

.801

.424

Comportamiento

10.96

2.89

11.38

2.93

-1.16

.246

Status intelectual y escolar

10.75

3.56

10.76

3.88

- .24

.981

Imagen corporal

9.01

2.73

8.41

2.97

1.63

.105

Ansiedad

11.87

3.47

11.46

3.76

.896

.371

Popularidad

8.87

2.36

7.89

2.65

3.05

.003

Bienestar y satisfacción

10.77

2.29

10.93

2.41

-.532

.595

Nota. p <.05
Fuente: elaboración propia

Posteriormente se establecieron categorías percentilares, tomando a la misma muestra como grupo normativo (ver Tabla 3). Se estableció un bajo nivel (riesgo: P 10 o menor) o un alto nivel (P 90 o mayor) cuando se consideraba un punto fuerte en las diferentes dimensiones del autoconcepto. Se observó que el 22% y el 25% de los adolescentes que ingresaban en la institución escolar mostraban un nivel alto en las dimensiones Imagen corporal y Popularidad, respectivamente. (Véase Tabla 4)

Tabla 3. Puntajes brutos y percentiles de dimensiones de la Escala de Autoconcepto infanto juvenil de Piers y Harris (adaptación Casullo), según dimensiones.

Tabla 4. Niveles registrados en las dimensiones la Escala de Autoconcepto infanto juvenil de Piers y Harris (adaptación Casullo) según ingreso y egreso de adolescentes escolarizados.

Discusión

Se analizó la percepción del autoconcepto de adolescentes vulnerables de Tucumán que cursaban su inicio y finalización de la escuela secundaria. Los resultados mostraron que los adolescentes ingresantes referían mayor Popularidad en relación a sus pares egresantes. Así, se infiere que a menor edad los jóvenes presentaban un mayor autoconcepto favorable al sentirse reconocidos por los demás. En la adolescencia, el joven anhela ser aceptado, valorado y adquirir un papel central en el grupo. Pareciera que en esta etapa, la búsqueda de notoriedad es cambiante, dependiendo de la edad del joven (Ramos Vidal, 2016). La popularidad se encuentra vinculada con habilidades de influencia sobre los demás y capacidad de tomar la iniciativa para que un grupo emprenda una tarea (Jiménez Lagares et al., 2011). También, se halla relacionada al modo en el que el sujeto percibe el reconocimiento que hacen de sí los otros (Schmidt et al., 2008).
Durante esta etapa los pares adquieren relevancia en la socialización del adolescente. Cada joven se compara con su grupo de pertenencia y puede autopercibirse de modo satisfactorio o devaluado, colocando su atención en aspectos favorables o negativos de sí mismo (Tapia et al., 2003). En este sentido, se adhiere a la idea de Jiménez Lagares et al. (2011) quienes expresan que la reputación del adolescente depende de su interacción con otros.
Los resultados encontrados coincidirían con lo planteado por Musalem (2012) quien afirma que en la adolescencia inicial (11 a 14 años) el sujeto aspira a conseguir reconocimiento por parte de sus pares y a desarrollar una imagen satisfactoria de sí mismo. Como contrapartida, en la adolescencia final (16 a 19 años), el joven depende menos de la aceptación de los demás. Así, como consecuencia del afianzamiento de su propia identidad, el sujeto es capaz de afrontar el rechazo que pueda llegar a recibir de los otros. A través del proceso de desarrollo el adolescente aumenta la confianza en sus ideas, opiniones y decisiones; asimismo, es más selectivo a la hora de elegir un grupo de pertenencia y cuenta con mayor autonomía de sus pares.
A su vez, puede decirse que, en el caso de los jóvenes provenientes de contextos socioeconómicamente vulnerables, el autoconcepto satisfactorio de sí mismo es un recurso protector. En tal sentido, los factores protectores son aquellas características propias del sujeto, familia o comunidad que promueven la salud mental (Donas Burak, 2001). Así, una autopercepción satisfactoria permite al joven desarrollarse en diferentes ámbitos y enfrentar las adversidades del contexto.
En segundo lugar, el 22% de los adolescentes que ingresaban en la institución escolar mostraban un nivel alto en la dimensión Imagen corporal (Escala de Autoconcepto infanto-juvenil de Piers y Harris, adaptación Casullo). De este modo, se deduce que los jóvenes ingresantes evidenciaban una mayor autopercepción favorable de su imagen corporal que los adolescentes egresantes. Los datos aquí encontrados coinciden con la investigación realizada por Alemany-Arrebola et al., (2020) quienes hallaron que en la adolescencia a medida que aumenta la edad disminuye la autopercepción favorable del autoconcepto físico. Los autores mencionados encontraron que esta tendencia es más acentuada en mujeres en dimensiones como habilidad motriz y condición física.
La imagen corporal es una construcción que se lleva a cabo a lo largo de la vida, pero es en la adolescencia y juventud cuando se resignifica. Se considera que el autoconcepto favorable del propio cuerpo es un factor que se encuentra íntimamente relacionado al ajuste psicosocial y al bienestar en general durante esta franja etaria (Cazalla Luna y Molero, 2013). Asimismo, la autopercepción que los adolescentes registran de su imagen corporal se constituye con la valoración que tienen de su propio cuerpo (Aróstegui, et al., 2013) y de su condición física (García y Musitu, 2014).
El adolescente atraviesa un proceso de reestructuración de su imagen corporal (Cruz Sáez et al., 2013), y como resultado del crecimiento, el joven identifica transformaciones en su cuerpo. En tal sentido, Cassullo (2012) expresa que en esta etapa se espera que el sujeto asimile los diferentes cambios físicos y los integre en su nueva imagen corporal. El joven identifica las transformaciones en su cuerpo y enfrenta una permanente readaptación e integración del mismo. Lo que conducirá progresivamente a la configuración de su nueva imagen corporal (Urbano y Yuni, 2001). Esto ocurre en un entorno social que exalta el interés por alcanzar ciertos cánones estéticos. Actualmente, desde distintos ámbitos de la vida cotidiana, se transmiten ideales de belleza y de salud (Bauman, 2004). En ocasiones la influencia sociocultural genera insatisfacción sobre la imagen corporal y una menor valoración de la autopercepción física de los adolescentes (Vaquero Cristóbal et al., 2013). Al respecto, los mass media tienen una notable influencia (Rodríguez Fernández et al., 2013).
Por su parte el 25% de los adolescentes que ingresaban en la institución escolar mostraban un nivel alto en Popularidad en relación a sus pares egresantes (Escala de Autoconcepto infanto-juvenil de Piers y Harris, adaptación Casullo). Facio et al., (2006) señalan que los adolescentes populares suelen ser identificados por sus pares como jóvenes que presentan confianza en sí mismos, cuentan con habilidades sociales, logran darse cuenta de las necesidades de otras personas y actúan de modo apropiado según la situación. Además, la popularidad ha sido vinculada favorablemente con el liderazgo, la confianza en sí mismo y con el afán de servir a otros (Silva Moreno y Martorell Pallás, 2001). De allí la importancia de contar con una autopercepción satisfactoria de uno mismo referida al modo en el cual uno percibe el lugar que ocupa en relación a los demás.
Siguiendo a Ramos Vidal (2016) la necesidad de los adolescentes por ser aceptados, alcanzar un nivel óptimo de popularidad y ocupar un lugar central dentro del grupo con el cual se vinculan constituye un aspecto de relevancia para ellos. De este modo, el adolescente podrá autopercibirse como jerarquizado o devaluado en relación a su grupo, prestando mayor atención a rasgos positivos o negativos de sí mismo (Tapia et al., 2003).
Otro modo de entender los resultados obtenidos es considerar que hoy se asiste a profundos cambios en los modos de comunicación entre los sujetos. Los jóvenes exponen en las redes sociales eventos de su vida privada con el objetivo de alcanzar visibilidad y reconocimiento (UNICEF, 2016). Al respecto, Obiols y Obiols (2000) analizan que en la cultura posmoderna los sujetos se definen por lo que tienen y por lo que son capaces de consumir. Estos atributos también contribuyen a configurar la identidad y reconocimiento de los otros. De este modo, cada sujeto se compara con lo que otros son capaces de conseguir dentro y fuera de la escuela. Estos nuevos modos de estimar la popularidad en relación con los pares, inaugura una línea de investigación que no ha sido abordada en este trabajo de investigación. Así, queda abierto el interrogante de cómo estas nuevas formas de socialización impactan en la manera en la que el adolescente percibe el reconocimiento de sus pares.
Por último, estos resultados podrían mostrar la escasa incidencia de la escolaridad en el desarrollo del autoconcepto. Teniendo en cuenta las características de estas instituciones y la realidad que afrontan, se observa dificultad para promover autopercepciones satisfactorias de los sujetos debido a la sobrecarga en sus funciones. Tal como se argumentó, actualmente la escuela además de brindar educación y formar ciudadanos capaces de vivir en sociedad, tiene que proteger y cuidar a los jóvenes. Se espera que la misma resguarde al alumno de situaciones peligrosas que pueda vivir dentro y fuera de sus instalaciones y que actúe de modo preventivo ante episodios de violencia (Coronado, 2012). Se pide que eduque, prevenga adicciones, alimente y sane. Como contrapartida, la asignación de estas nuevas funciones sobrecarga las responsabilidades de la institución educativa (Tenti Fanfani, 2015). Ante esta realidad, la escuela evidencia dificultades para la promoción de una autopercepción satisfactoria de los adolescentes que por ella transitan.

Conclusiones

Esta investigación tuvo como objetivo principal analizar la percepción del autoconcepto de adolescentes socioeconómicamente vulnerables de Tucumán que cursan su inicio y finalización de la escuela secundaria.
El autoconcepto es entendido como el conocimiento que cada sujeto tiene de sí mismo y, se tomó como objeto de estudio por el impacto que genera en el modo de vinculación con otros y consigo mismo. Se tomó como muestra a adolescentes que pertenecen a nivel socioeconómico bajo, al ser una población con mayores factores de riesgo, debido a las condiciones de vulnerabilidad propias de su entorno social. El contexto de pobreza acarrea situaciones que inciden en la vida de los sujetos. Asimismo, en la adolescencia, la pobreza produce un mayor efecto en tanto el sujeto se encuentra en proceso de desarrollo, recibe influencia de los entornos con los que interactúa y atraviesa la consolidación de la imagen de sí mismo.
Los resultados permiten afirmar que los adolescentes que ingresaban en la escuela secundaria, presentaban diferencias significativas en la dimensión Popularidad, en relación a sus pares egresantes. Asimismo, se identificó un porcentaje de adolescentes que ingresaban en la institución escolar con un nivel alto en las dimensiones Imagen corporal y Popularidad.
Los resultados encontrados en la dimensión Popularidad pueden estar relacionados con la edad. Al momento de egresar están menos preocupados por la aceptación de los otros y son menos dependientes de la aprobación. Si bien se espera que a mayor edad el sujeto reduzca su preocupación por la aceptación de su grupo de pares, en la sociedad posmoderna se prioriza mostrarse ante los demás a través de imágenes y bienes de consumo. Por este motivo, queda abierto el interrogante sobre los datos alcanzados y abre una línea de investigación.
En cuanto a la imagen corporal, que se configura a lo largo de la vida, pero se resignifica en la adolescencia y juventud. Llama la atención que en este grupo de adolescentes no haya cambiado de modo significativo la autopercepción referida a su imagen corporal. Queda abierto el interrogante sobre qué factores han incidido para que se observaran diferencias significativas a favor de los adolescentes ingresantes en la dimensión Imagen corporal, en relación a sus pares egresantes.
Los resultados muestran que el contexto escolar no ha sido una variable que influya de modo significativo en la consolidación del autoconcepto de los adolescentes. Cabe destacar la necesidad de considerar en futuros estudios la incidencia de variables personales, familiares y socioculturales, capaces de promover autopercepciones satisfactorias del sí mismo.
En esta investigación se trabajó con adolescentes que crecen en contextos vulnerables. Deben buscar un empleo o abandonan la escuela para ayudar a la economía familiar, viven en condiciones de hacinamiento, sus padres tienen empleos inestables y un bajo nivel educativo. Estas condiciones de vida impactan en el modo en el cual los jóvenes se desarrollan y van forjando un proyecto de vida. Se considera que contar con un autoconcepto favorable resulta un recurso protector de inigualable valor para afrontar desafíos, propios de la realidad complejas en las que viven. De allí la importancia de que se promueva una autopercepción satisfactoria en los adolescentes.
Este estudio presenta como limitaciones haber trabajado con una muestra intencional que abarca sólo un sector de la población adolescente. Asisten a escuelas secundarias en contextos socioeconómicos desfavorecidos. De allí la importancia de ampliar la muestra en futuros estudios a fin de dilucidar si en las trayectorias dentro del nivel secundario, el adolescente modifica la valoración sobre sí mismo y el impacto de estas en su personalidad.

Agradecimientos

A la Secretaría Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica (SCAIT), de la Universidad Nacional de Tucumán por el financiamiento de una beca de posgrado de Maestría en Psicología Educacional (UNT) de la primera autora. Ello posibilitó la concreción del presente estudio. En este artículo se comunican parte de los resultados.

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