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Memorias y Peronismo: Narrar las experiencias históricas
de los ferroviarios, Jujuy, Argentina

Memories and Peronismo: Telling historical experiences
of rail workers, Jujuy, Argentina

RESUMEN

Este artículo se inscribe en el marco de las premisas de la historia oral. Siguiendo los problemas y pautas metodológicas establecidas por tal perspectiva, se propone un abordaje a las narraciones de ferroviarios acerca de los diversos procesos históricos vinculados a su empresa y a su participación en la misma. El objetivo supone determinar las características de las formas particulares de recordar y narrar la experiencia por parte de tales trabajadores en el marco específico de la provincia de Jujuy, con fundamental énfasis en la gravitación del peronismo en sus memorias.

Los recuerdos son indagados en función de su relación con la nacionalización de los ferrocarriles y el establecimiento de estrategias con fuerte orientación al bienestar de los trabajadores, la transformación de la relación entre Estado, fuerza de trabajo y capital durante las subsiguientes dictaduras militares y la privatización de los servicios ferroviarios.

Tales políticas dejaron una fuerte impronta en el conjunto de los ferroviarios; las experiencias de la bonanza de los años del primer peronismo, los gobiernos militares que le siguieron y la desestatificación quedaron “grabadas” en su memoria de maneras particulares, a partir de su experiencia histórica específica como trabajadores del ferrocarril.

Palabras Clave: experiencia; ferroviarios; Jujuy; Memoria; Peronismo.

ABSTRACT

This paper is based on the perspective of oral history. Following its problems and methodological premises, it proposes an approach to the stories of rail workers about several historical processes linked to their company and its participation within it. The paper aims to determine specific ways of remembering and telling experience and its meaning by such workers in Jujuy; it specially takes account of the influence of peronismo in their memories.

Remembrances are inquired in connection with the nationalization of railway services and the establishment of set of strategies in order to satisfy workers welfare, changes introduced into relationships between State, capital and working force, developed through the further military dictatorships and its privatization.

Such policies left their marks on railwaymen; the welfare experience throughout primer peronismo, the following military governments and its denationalization were kept into their memories in particular ways, because of their specific historical experience as rail workers.

Key Words: experience; rail workers; Jujuy; Memory; Peronismo.

INTRODUCCIÓN

Entre la nacionalización de los ferrocarriles y su privatización –acontecimientos acaecidos respectivamente durante los primeros períodos presidenciales de Perón y Menem– la Argentina asistió a numerosos y diversos procesos de transformación y de redefinición de sus políticas. Durante el primer peronismo, el Estado intervino favoreciendo la redistribución de los ingresos, la consolidación de la industrialización y la nacionalización de los servicios públicos. Así, el régimen peronista no sólo impulsó el pasaje a manos públicas de las líneas férreas, sino que además generó una serie de estrategias con fuerte orientación al bienestar de los sectores obreros. El programa del gobierno constituyó de esta manera una experiencia concreta de realización de obras en beneficio del conjunto de los asalariados, incluidos los ferroviarios.

En este contexto, los trabajadores adquirieron un reconocimiento sin precedentes, y participaron desde los sindicatos en connivencia con el peronismo desde su gestación. Los trabajadores de las empresas de ferrocarriles no se mantuvieron al margen; la Unión Ferroviaria brindó su apoyo explícito al gobierno (Little, 1979) y en la provincia de Jujuy se impulsaron diversas organizaciones de corte oficialista, como la Federación de Agrupaciones Ferroviarias Peronistas y la Agrupación Ferroviaria Peronista 17 de Octubre.

La experiencia peronista fue cancelada en septiembre de 1955, a raíz de un golpe de Estado que depuso al gobierno justicialista. Con el advenimiento de la Revolución Libertadora la política social y laboral desandada por el gobierno de Perón tomaría otros rumbos. Se pusieron en operación prácticas coactivas, que conllevaron la encarcelación de trabajadores y la intervención de los gremios, como las seccionales provinciales de la Unión Ferroviaria. El pasaje del peronismo al antiperonismo favoreció la rearticulación de los regímenes organizacionales de las fuerzas trabajadoras, de fuerte raigambre peronista, proceso que redefiniría en los años subsiguientes su experiencia histórica. La instauración de nuevas condiciones laborales generaría un prolongado conflicto, caracterizado por una extensa serie de episodios antagónicos, en el cual los ferroviarios, protagonizarían enérgicas huelgas y serían objeto de prácticas represivas. La embestida contra los trabajadores no se limitó sólo a los años de la “Libertadora”; ésta sentó las bases de una política con respecto al movimiento obrero –fundada en la proscripción y represión– que se extendería durante las décadas venideras.

El período abierto en la década de 1940 a partir de la estatización y constitución de los ferrocarriles argentinos sería clausurado a principios de la decenio de 1990 en virtud de la privatización de los mismos. La circulación de los trenes sería cancelada en numerosos ramales, y cuantiosos empleados de la empresa perderían sus cargos. La planta de empleados de Ferrocarriles Argentinos, consumada la desnacionalización, se redujo en un 60 por ciento; para el caso de Jujuy, se estima que la empresa prescindió del 90 por ciento del plantel de trabajadores (Bergesio y Golovanevsky, 2010).

Estas políticas y sus consecuencias dejaron una fuerte impronta en el conjunto de los ferroviarios; las experiencias de la bonanza de los años del primer peronismo, la severidad de los gobiernos antiperonistas que le siguieron y la desestatificación quedaron “grabadas” en la memoria de los trabajadores del ferrocarril.

En el presente trabajo, acometido desde la perspectiva de la historia oral, proponemos un abordaje a las narraciones de los ferroviarios acerca de sus experiencias en el marco los diversos procesos históricos vinculados a Ferrocarriles Argentinos y a su participación en tal empresa. El objetivo supone determinar las características de las formas particulares mediante las cuales los ferroviarios de Jujuy recuerdan y narran su experiencia histórica, considerando fundamentalmente la preponderancia del peronismo en las memorias en relación a procesos desandados con anterioridad y posterioridad a la caída del peronismo.

ACERCA DEL USO DE FUENTES ORALES EN LA HISTORIA

De acuerdo a Paul Thompson (2002), la historia oral es la interpretación de la historia y de las culturas a través de la escucha y del registro de sus recuerdos y experiencias. Dora Schwarzstein (2001) asevera que la historia oral posibilita la comprensión de las formas en las que las personas recuerdan y construyen sus memorias. La historia oral reflexiona así sobre “la naturaleza del proceso de recordar como un elemento clave en la comprensión del significado subjetivo de las experiencias humanas” y explica la naturaleza de la memoria, tanto individual como colectiva (Schwarzstein, 2002a: 478). La historia oral constituye en definitiva un método que “construye sus propios documentos, (…) que son por definición diálogos explícitos sobre la memoria, con el entrevistado triangulando entre las experiencias pasadas y el contexto presente y cultural en el que recuerda” (Schwarzstein, 2001: 74).

Alessandro Portelli (1993) sostiene que los testimonios orales pueden ser abordados desde dos perspectivas diferentes: primero, como un evento en sí mismo, y en cuanto tal puede ser analizado de manera tal que sólo se recuperarán los aspectos materiales de los hechos sucedidos; por otro lado, puede ser abordado como la actitud de un narrador en relación a eventos, la subjetividad, la imaginación y el deseo. Desde una perspectiva similar, Daniel James (2004) sugiere que la historia oral favorece el acceso a información empírica básica que no es posible conseguir a través de fuentes convencionales como “los diarios, los archivos municipales y los registros de las compañías” (p. 125). Por otro lado, asevera que la historia oral potencia el abordaje de la “cuestión de la agencia y la subjetividad en la historia” (James, 2004: 127). En esta dimensión de la historia oral abreva parcialmente su naturaleza distintiva.

Según Portelli (1981), lo que diferencia a la historia oral de otras formas de hacer historia radica en que “cuenta” más del significado de los eventos que sobre los eventos mismos. El trabajo de la historia oral supone centrar la atención en la subjetividad de los agentes históricos (Passerini, 2002: 260). El objetivo, señala Passerini (1988), es incluir las esperanzas, interpretaciones y sueños –todo de naturaleza plenamente subjetiva– de aquellos quienes serían sus sujetos, “y el rol de tales aspectos en la realidad social” (p. 120). Portelli (1981) señala que la unicidad de la historia oral abreva en que pone al descubierto la subjetividad del orador, y “cuenta no sólo lo que gente hizo, sino lo que quería hacer, lo que creían que estaban haciendo, lo que ahora creen que hicieron” (p. 100). La historia oral en definitiva ayuda a reconstruir “la propia interpretación de los hechos por parte del hablante” (Portelli, 1985: 18). Schwarzstein (1995) concluye similarmente que el uso de fuentes orales en la historia favorece el alejamiento “de la ‘determinación estructural’, para en cambio aprehender las trayectorias de los actores, sus representaciones y todo lo que hace a su subjetividad” (p. 57).

Asimismo, Roland Grele (2005) asevera que la historia oral no sólo descubre lo que sucedió en el pasado, sino que además permite comprender de qué maneras “la historia vive en la memoria y el presente, y acerca de las formas en que el presente muestra una visión del pasado” (p. 82). Además, como sostiene Pablo Pozzi (2008), lo importante de un testimonio no es su veracidad, sino “más bien la posibilidad de rastrear sentimientos a través del tiempo” (p. 5). La historia oral, concluye Pozzi (2005), “provee un acceso privilegiado a la subjetividad”; y ésta “es el ámbito de la memoria, de los recuerdos, de las formas de expresarlo” (p. 5). La historia oral facilita en definitiva “una fuente al investigador para aprehender (…) la subjetividad de una época” (Pozzi, 2008: 7). Schwarzstein (2002b) sugiere que la materia prima de las fuentes orales es la memoria, la cual dada su naturaleza subjetiva, tiende a “interpretar la historia más que a reflejarla” (p. 16). En definitiva, la misma autora concluye que no es adecuado “considerar o usar las fuentes orales de manera principalmente factual, sólo para transmitir o confirmar evidencia de acontecimientos particulares” (Schwarzstein, 2002b: 16).

Portelli (1981) sostiene que esto no implica que la historia oral no tenga interés en los hechos; las entrevistas suelen revelar a menudo hechos desconocidos o bien, aspectos desconocidos de hechos conocidos, echando luz sobre esferas inexploradas de la vida cotidiana de las clases no hegemónicas. En relación a este último punto, aunque Portelli enfatice que la historia oral no es el espacio donde la clase obrera necesariamente tome la palabra, señala que hacer historia a partir de las palabras y las memorias de los trabajadores ayuda a corregir los errores implícitos e inherentes de las fuentes tradicionales. Finalmente, concluye que las fuentes orales son condición necesaria para la narración de la historia de las clases no hegemónicas. (1) El mismo autor también asevera que las fuentes orales brindan información sobre personas analfabetas o sobre grupos sociales cuyas historias están ausentes o han sido distorsionadas en los registros escritos.

Las fuentes orales son siempre el resultado de una relación, en la que se encuentran involucrados, juntos, el informante y el investigador (Portelli, 1981). El contenido de la fuente oral depende en gran parte de cómo conduce el entrevistador la entrevista. (2) Grele (1991a) sostiene que a diferencia de las fuentes tradicionales, las entrevistas orales “son construidas mediante la intervención activa del historiador” (p. 133).

Dada la activa participación del historiador-entrevistador, aun si la participación consiste sólo en una serie de gestos o gruñidos, y dada la forma lógica impuesta por toda comunicación verbal, la entrevista sólo puede ser descripta como una narrativa conversacional; conversacional por la relación entre entrevistador y entrevistado, y narrativa por la forma de exposición (Grele, 1991a: 135).

Los testimonios orales, asegura Schwarzstein (2002a), no constituyen un registro simple de información sobre el pasado; son productos culturales de naturaleza compleja, en la cual se entrelazan “memorias privadas, individuales y públicas (…) experiencias pasadas, situaciones presentes y representaciones culturales del pasado y el presente” (p. 478).

La memoria, asevera Schwarzstein (2002a), no es un “mero repositorio de información”, sino un “activo proceso de creación de significados” (p. 476). (3) La memoria se construye desde el mismo momento en que se experimenta un hecho, usando “el significado de nuestra cultura para hacer que éste tenga sentido” (Schwarzstein, 2002a: 477). Passerini (1983) asevera que los eventos suceden diacrónicamente, y son agrupados en el marco de una narrativa en un plano sincrónico, considerándoselos como un solo evento. En este proceso se superponen lo imaginario y lo real para construir una interpretación de los hechos, siempre desde el campo de la historia colectiva de los pueblos. A través del tiempo, esas experiencias pasadas son recordadas y reconstruidas en la medida que los significados públicos se transforman. Schwarzstein (2002a) concluye que existe una continua negociación entre las memorias y sus significados, enmarcada en la relación entre lo privado y lo público.

PROPUESTAS METODOLÓGICAS

¿Cómo abordar estas narraciones desde el punto de vista metodológico? Grele (1991a) sugiere que para poder aprehender la problemática profunda de la entrevista podemos apelar a la relación conceptual entre historia, mito e ideología. Primero, sostiene el mismo autor, debemos reconocer el papel fundamental que la ideología cumple en las sociedades modernas (Grele, 1991a).

La ideología es más que simplemente un programa político. (…) la ideología estructura la conciencia de los individuos y sus concepciones sobre sus relaciones con las condiciones de existencia, y (…) gobierna sus acciones y prácticas a través de una serie de aparatos tales como la familia, la iglesia, los sindicatos, los sistemas de comunicación (…) Ésta es la conceptualización básica de las relaciones de una sociedad basada en clases. (Grele, 1991a: 140).

Grele concluye que la clave para comprender la función de la ideología debe buscarse en el concepto gramsciano de hegemonía, “porque es a través de la hegemonía (…) que la ideología alcanza su importancia como mecanismo de la clase dominante y encuentra expresión en las creencias populares” (Grele, 1991a: 140). (4). A partir de la comprensión del rol jugado por la ideología en la unificación de los diversos elementos estructurales expuestos en las entrevistas, es factible comprender la relación entre la ideología y los cambios históricos en la construcción de las narraciones de carácter histórico de una sociedad. Grele concluye que “a través de la ideología el hombre, en cuanto sujeto histórico, visualiza su posición en el universo histórico” (Grele, 1991b: 172).

Finalmente sugerimos que el planteo de Grele se aproxima a la propuesta teórica de Chantal Mouffe (1979), en la cual sugiere abordar la hegemonía no como lealtad o consenso, sino como la constitución de un orden en el cual un principio de determinación ideológico estructura y da sentido a los restantes principios que atraviesan las sociedades. La cuestión radica en señalar cuál es ese principio estructurante, cómo se articulan los restantes a éste y cómo varían históricamente.

SOBRE FERROVIARIOS, DICTADURAS Y PERONISMO

Se analizarán seguidamente entrevistas realizadas junto a dos ex trabajadores ferroviarios de la provincia de Jujuy, siguiendo la propuesta metodológica sugerida en el acápite anterior, se identificarán una serie de discursos y se señalará de qué manera se encuentran estructurados, identificando los principios organizadores y la relación histórica entre éstos.

Es factible identificar tres tipos de discursos –que variarán de acuerdo al momento histórico sobre el cual se refiera el entrevistado–, en los cuales sobresalen los siguientes referentes: la familia, la política y el peronismo. Estos discursos coinciden respectivamente con las categorías a partir de las cuales Portelli (1992) sugiere se organiza la narrativa histórica: personal, colectiva e institucional. Cada una de éstas se encuentra provista de un referente social, un referente espacial y un punto de vista. (5).

Los ex trabajadores entrevistados responden a dos categorías etarias bien diferentes; el primero, Carlos, fue testigo de la nacionalización de los ferrocarriles y beneficiario directo de las políticas del primer peronismo; trabajó –primero en la provincia de Tucumán y luego en Jujuy– para la empresa ferroviaria desde fines de la década de 1940 hasta mediados de los 80, cuando se jubiló como trabajador de la misma. Formaba parte del personal de estación como empleado administrativo y estuvo afiliado a la Unión Ferroviaria. Nacido en 1950, el segundo, Roberto, ingresó a Ferrocarriles Argentinos en 1975 a través de la intercesión de su padre. A lo largo de su carrera trabajó en al área de Vía y Obras. Asistió al proceso de privatización y cierre del ramal C de la línea Belgrano –en marzo de 1993–; cuando niño, fue víctima junto a su familia de las prácticas represivas de los regímenes militares posteriores al peronismo.

Ambos son protagonistas de trayectorias diversas, no sólo por los períodos históricos en los que actuaron sino también por los itinerarios familiares en los cuales se inscribieron sus prácticas. Sin embargo, veremos que las narraciones de tales recorridos ponen de manifiesto un suelo en común que constituiría uno de los elementos que cimienta el colectivo ferroviario.

Los relatos ponen de manifiesto rápida y continuamente la tensión existente entre diversos planos temporales, recreando lo que James (2006) designa como “dicotomía temporal”. El mismo autor señala que en la constitución del peronismo adquirió radical importancia este tipo de dicotomía; la experiencia de los trabajadores peronistas se definió en torno al contraste entre el régimen restaurador de los 30 y el gobierno peronista. Según James (2006), el peronismo favoreció transformaciones que se expresaron en factores como el orgullo, el respeto propio y la dignidad de la clase obrera argentina.

Para evaluar la importancia de esos factores debemos volver a la “década infame”, pues fue sin duda alguna el punto de referencia en relación con el cual los trabajadores midieron su experiencia del peronismo. La cultura popular de la era peronista fue dominada por una dicotomía temporal que contrastaba el presente peronista con el pasado reciente. (James, 2006: 40).

Así, la formación de la experiencia y la construcción de las memorias sobre ésta están determinadas por la puesta en balance entre diversos períodos.

Los relatos que emergen de las entrevistas no corren linealmente desde un punto a otro generando una serie de instancias cronológicas; en lugar de eso, avanzan, retroceden y saltean períodos históricos. Las tramas asimismo no se encuentran exentas de contradicciones, omisiones, olvidos.

El devenir de estas entrevistas omite buena parte de las coyunturas y acontecimientos de los procesos históricos propios de la historia argentina desde la instauración del peronismo para esta parte. Sin embargo, giran con mayor o menor énfasis alrededor de varios y disímiles ejes constituidos por diversos pares: período previo al peronismo/peronismo, peronismo/Revolución Libertadora, régimen democrático de 1973-1976/Proceso de Reorganización Nacional y Ferrocarriles Argentinos/ferrocarriles privatizados-cerrados. A cada uno de estas dualidades le corresponde un período cuyos extremos no son estrictamente limitables, pero que se definen en relación a tres hechos que sin duda fueron significativos: el derrocamiento del peronismo en septiembre de 1955, el golpe militar de marzo de 1976 y la privatización de los ferrocarriles. Sobre cada uno de estos binomios opera la relación dicotómico-temporal, aunque –insistimos– con diversos grados de preconización entre uno y otro entrevistado. Los relatos construidos a través de las entrevistas se encuentran así estructurados en torno a estos ejes temporales.

En el caso de Carlos, la dicotomía temporal se centra primordialmente en contrastar los tiempos de Perón y el período antecedente. Se pone de manifiesto, tal como lo señala específicamente James (2006), la contraposición entre los años peronistas y sus precedentes. El contraste entre uno y otro momento gira en torno a los beneficios instituidos para los trabajadores. Destaca ante todo las mejoras introducidas por el peronismo en lo que se refiere a la cantidad de horas de servicio: “Con Perón se empezó a trabajar 8 horas; antes se trabajaba mucho más” (Entrevista realizada en octubre de 2010a).

A partir de la referencia al período peronista introduce un principio que ordenará el conjunto de sus narraciones: la prescindencia política. Al respecto, señala:

“Todos los ferroviarios eran peronistas, pero yo no. (…) No era peronista porque no quería meterme en política, no quería meterme en problemas. Era mejor no meterse. (…) Quería trabajar (…) Si no molestaba, no me iban a molestar. (…) Porque no me metí en política, nunca tuve problemas” (Entrevista realizada en octubre de 2010a).

Ser ferroviario o la misma afiliación a la Unión Ferroviaria, podemos conjeturar, no implicaba entonces necesariamente adhesión a la línea peronista que el sindicato preconizaba.
La prescindencia política constituyó uno de los slogans de la Revolución Libertadora; fácilmente rastreable en las diversas fuentes de la época –sobre todo en la prensa–; fue reclamada a los trabajadores por las autoridades “revolucionarias”. Tal prescindencia suponía la separación de prácticas sindicales y peronismo, intentando limitar las primeras a los reclamos vinculados estrictamente a la dimensión laboral.

La constitución del significado de los hechos históricos por parte del entrevistado se fundó en la superación de la tensión entre lo colectivo y lo individual, sin hacer pie en ningún momento en lo colectivo. Por ejemplo, que los beneficios introducidos por Perón son apreciados desde una perspectiva impersonal.

Por otro lado, el relato sobre su condición de trabajador se encuentra contextualizado por una serie de narraciones que preconizan la familia y así mismo antes que las trayectorias de los trabajadores ferroviarios. En esas tramas, a partir de las cuales se construye y da sentido a su experiencia, la bondad del régimen peronista y el colectivo ferroviario van perdiendo protagonismo en beneficio del itinerario familiar y, en bastante menor medida, el pueblo donde residía. La historia de su familia y su progreso terminan ocupando finalmente un lugar preponderante, siempre en el contexto local donde se desarrolla la historia de la familia.

Sin embargo, la estructura del relato del entrevistado –obstinadamente cerrada en la abstinencia política y los recuerdos familiares– se quiebra al referirse a los años de la última dictadura militar. Cuenta que participó a fines de los setenta de una huelga ferroviaria durante 60 días; recuerda que fue un paro de grandes proporciones y de gran repercusión. Mientras relata –rápidamente– los porvenires de la protesta, pone en manifiesto su regocijo de recordar tal acontecimiento, evidenciado en la sonrisa que no ha dejado escapar a lo largo de toda la entrevista. Ante las preguntas, insiste orgullosamente: “los ferroviarios hicimos huelga en plena dictadura militar” (Entrevista realizada en octubre de 2010a).

Sin cuestionar por el momento la pertinencia o no de la fecha de la huelga, lo relevante es la ruptura de la trama de la narración. El relato proseguirá luego de la referencia a tal evento de la misma forma antes de la emergencia de tal recuerdo: prescindencia política y rememoraciones sobre la familia y el pueblo. La continuidad de la narración supondrá así la puesta en escena del rápido pasaje a los años de la jubilación –durante los 80– y el posterior impacto del cierre del ramal C del ferrocarril, que nuevamente será presentado a través de la semblanza de la familia y el pueblo, y el pedido de condena por corrupción a todos los políticos.

De esta manera, la evocación de la huelga opera sintomáticamente, sugiriendo la persistencia de un principio de determinación ideológico que se busca reprimir. Aun cuando el progreso de la familia y entorno próximo organicen el relato de su trayectoria –intentando relegar el peronismo y la política–, la huelga se manifiesta y señala que la política no puede reprimirse así sin más.

El relato de Roberto se encuentra también estructurado en tres tiempos: los años inmediatamente posteriores al derrocamiento de Perón, los ’70 y el período inaugurado con las privatizaciones de las empresas públicas.

Sobre este ferroviario pesaron una serie de tradiciones: primero, toda su familia era identificada como una familia de ferroviarios; aunque no todos lo fueran, era reconocida como tal; –además de su padre– sus abuelos, tíos y primos trabajaban en los ferrocarriles. Segundo:

Mi papá era peronista (…) Todos en mi familia eran, además de ferroviarios, peronistas (…) Yo también. (Entrevista realizada en octubre de 2010b).

Recayó sobre Carlos y su familia además la experiencia específica de las prácticas coercitivas ejecutadas por los gobiernos antiperonistas. Sus recuerdos contienen una doble dimensión: por un lado, el acto propio de la resistencia peronista; por otro, la represión sufrida por los trabajadores. A lo largo del relato de los hechos vinculados a tal acontecimiento, insistirá en la magnitud de tal acto de insurrección refiriéndose a sus repercusiones.

Carlos residía junto a su familia en la localidad de Purmamarca –a unos 60 kilómetros al norte de la ciudad de San Salvador de Jujuy–, en cuya estación trabajaba su padre.

Cuando tenía 6 o 7 años, los ferroviarios hicieron una huelga de 6 días que paralizó al país, (…) También hicieron huelga los ferroviarios de Purmamarca (…) Mi papá también hizo huelga. (Entrevista realizada en octubre de 2010).

Sostiene que la huelga se realizó luego de que lo “bajaran a Perón”. Al margen de que tal acción de protesta se haya realizado en otro momento diferente al sugerido por el entrevistado, lo sugestivo es su seguridad de que la protesta sucedió durante el gobierno que derrocó a Perón. Aun si la fecha sugerida por el entrevistado es “errónea”, el rango de fechas posibles que insinuamos se encuentra circunscripto a su niñez. No pierde de vista que tales hechos acaecieron cuando era niño. Los recuerdos sobre la huelga, sobre todo cuando se refiere al hambre y congoja sufridos por la familia, le provocan tristeza. Toda evocación a los “milicos” es secundada por la siguiente apreciación: “¡Qué hijos de puta!” (Entrevista realizada en octubre de 2010).

El relato referente a la década de 1970 supone un cambio con respecto al período precedente, sobre todo por su ingreso a Ferrocarriles Argentinos. No obstante, alberga una gran cantidad de referencias a su familia –no ya al linaje que lo antecede, sino a su esposa e hijos–. Sobre los años de la última dictadura militar dice muy poco además que les pagaban buenos salarios, por lo que no había motivo de realizar huelga alguna. Preconiza el recuerdo de su casamiento –antes de ingresar a la empresa–, y recuerda alegremente que el sacerdote que realizó los oficios lo hacía por primera vez.

La narración sobre la década de 1990 contiene un fuerte giro con respecto al período anterior: si bien la trama sigue girando en torno a la familia (su pareja y sus hijos) y mantiene aún un fuerte anclaje en la dimensión laboral, pierde toda vinculación con el colectivo de trabajadores que lo acogía. Aseveró que la venta de FFCC resultó una situación dolorosa,

pero había que seguir. No tenía los brazos cortados. (…) Aunque hubieran cerrado los ferrocarriles, qué iba a hacer, si tenía que trabajar. Y como podía trabajar, busqué un trabajo rápido. (Entrevista realizada en octubre de 2010b).

Primeramente trabajó un año en Buenos Aires, en el mantenimiento de una línea ferroviaria; rápidamente regresó a Jujuy, donde ingresó en una empresa vinculada a la instalación de un gasoducto.

Finalmente, expresó su desencanto por la política. En virtud de su experiencia personal y familiar circunscripta a los últimos años con los gobernantes locales, puso de manifiesto no sólo su desaprobación de los políticos en general sino que también negó la condición de peronistas de los políticos que se designan como tales.

De la misma forma que el anterior caso, sugerimos que lo que estructura el relato es el referente familiar. Mucho más acotado que el caso anterior (cuyo relato tenía fuertes vinculaciones con el pueblo donde residía), la familia ocupa en la narración un lugar en definitiva mucho más preponderante. La experiencia laboral está mediada a través de su relación con la familia. Los relatos sobre la huelga giran alrededor de la figura de su padre, madre y hermanos; aun tratándose de un hecho de innegable naturaleza política, esta última dimensión parece perderse al aseverar que su padre no era sindicalista y que protestaba sólo por el salario, vinculando la acción paterna al bienestar de la familia. Así, el peronismo –reconocido como una tradición familiar– exhibe sus límites cuando la experiencia familiar del sufrimiento despolitiza los vínculos entre trabajadores y familias.

A lo largo del relato, del pasaje de los 50 a la actualidad, el mundo laboral, el colectivo ferroviario y el peronismo van perdiendo protagonismo y preponderancia, y se cierne sobre ellos paulatinamente la figura de la familia. La ruptura con respecto al mundo ferroviario es evidente y vertiginosa: no parece haber siquiera tiempo para el duelo.

EXPERIENCIAS Y NARRATIVAS: CONTRASTES Y REVISIONES

En el apartado precedente se planteó rápidamente la problemática vinculada a las memorias “erróneas”. Tal divergencia entre los hechos y la memoria emerge fundamentalmente en lo que concierne a la fecha de una huelga ferroviaria.

En las memorias de los entrevistados cobra gran preponderancia el paro mencionado, que uno y otro atribuyen a diversos momentos, ambos “imprecisos”. Carlos la ubica a finales de la década de 1970; Roberto, durante el decenio de 1950. Cabe señalar que a lo largo del período que se abrió con la Revolución Libertadora, los trabajadores del ferrocarril llevaron a cabo diversas acciones de protesta; éstas arrancaron en 1958 con el primer paro ferroviario del período. En octubre de 1961 los ferrocarrileros iniciaron una huelga que en definitiva se extendería durante cuarenta y dos días. La misma se desarrolló en contra de los planes de racionalización que el gobierno de Frondizi hizo recaer sobre el sector. Señala Fernando Ortega (2010) que “la huelga de octubre fue la más importante del sector ferroviario hasta la acontecida en 1991, bajo el gobierno de (…) Menem y una de las más violentas de la historia”. Probablemente, el recuerdo de Roberto esté asociado a este acontecimiento.

Sobre el contexto en el que Carlos inscribe la huelga, debe considerarse que durante la última dictadura militar los ferroviarios manifestaron su disidencia en contra de la tutela castrense en varias oportunidades. Al respecto, Ronaldo Munck (1987) apunta que durante el Proceso la resistencia emergió primeramente en los sectores más organizados, como los ferroviarios. Éstos realizaron acciones de protesta en 1977 y 1978. En 1979 el movimiento obrero pasó a una actitud más ofensiva y convocó en abril a una huelga; de esta última, a la que respondió un tercio de los gremialistas y es considerada como la más importante del período, no participaron los ferroviarios. De nuevo, puede conjeturarse que las memorias, en este caso las de Carlos, estarían vinculadas a las protestas previas de los empleados de FFCC o bien, a la huelga de abril de 1979.

Las falta de correspondencia entre los hechos del pasado y los recuerdos sobre éstos han generado críticas a la credibilidad de los testimonios. No obstante, como señala Portelli (1981), la credibilidad de las fuentes orales es una credibilidad diferente. La importancia de las fuentes orales no radica en su concordancia con los hechos, sino en su divergencia con éstos; en los desacuerdos entre hechos y los testimonios orales, irrumpen la imaginación y los deseos (Portelli, 1981). En algunos testimonios contienen afirmaciones “erradas”, que son el resultado no de una rememoración imperfecta, sino de una imaginación creativa. Los testimonios constituyen en ocasiones la narración de un sueño de una vida personal o de una historia colectiva diferente (Portelli, 1985).

Los recuerdos sobre la huelga emergen disociados de los hechos; estas memorias “distorsionadas” ponen de manifiesto las formas específicas de narrar las experiencias de los ferroviarios. Expresan la emergencia de subjetividades colectivas ahormadas por las experiencias familiares y comunitarias que las enmarcan. Generan narraciones que se cruzan con las dimensiones personales.

CONCLUSIONES

En torno a las experiencias que atravesaron los ferroviarios se constituyeron memorias. Los diversos procesos históricos, no obstante, fueron abordados a través de formas diversas y específicas de recordar. El tejido de los recuerdos expresa en cada caso sus olvidos y omisiones particulares, y asimismo, sus preferencias y sus deseos personales. Los testimonios recogidos dan cuenta de las disímiles formas de construir narrativas sobre las correlaciones entre la vida laboral y la esfera privada. La correlación entre los planos de la familia, el trabajo y la política suponen un complejo entramado en el cual la dimensión familiar se manifiesta con suma preponderancia. De esta forma, el peronismo y el mundo ferroviario son significados a la luz de la experiencia histórica de los entrevistados, considerando que los vínculos familiares estructuran el conjunto de sus relatos y no el peronismo.

En el sentido común de los empleados del ferrocarril (y en los actores vinculados a ellos, como sus familias) se ha inscripto la categórica aseveración de que todos los trabajadores ferroviarios eran o son peronistas. Tal afirmación es plausible de ser relativizada, fundamentalmente por el testimonio de uno de los entrevistados, que pone en evidencia las divergencias en el seno del colectivo ferroviario. Sin pretender de ninguna manera cuestionar en términos generales la capacidad del peronismo de organizar la experiencia de los sectores populares, tal testimonio sugiere que el peronismo no constituiría necesariamente el principio articulador del conjunto de interpelaciones que atravesaban el plexo social. Más aún, el reconocimiento de la obra del gobierno justicialista podría no suponer inevitablemente un proceso de identificación con la tendencia gobernante.

Por otro lado, el análisis de las entrevistas realizado permite conjeturar que los trabajadores ferroviarios compartirían un suelo de experiencias fundado en una serie de hechos de carácter histórico. Aun cuando la constitución de la significación de los hechos políticos se encuentre en definitiva mediada por la experiencia vinculada a los actores y referentes espaciales más próximos –como la familia o el lugar de residencia–, subyacerían elementos que son imborrables de las memorias ferroviarias. La referencia en ambos testimonios a una huelga de 60 días, de dimensiones y efectos grandiosos, permite suponer la existencia de referentes que definen la identidad de los trabajadores del ferrocarril. Esto es, que al margen de la prescindencia de la política y del alejamiento paulatino del colectivo peronista y ferroviario, la participación en esa huelga (y/o la pertenencia al linaje que lo hizo) sería aquello que los convierte en ferroviarios. Por lo tanto, mantener viva la memoria de tal huelga, aun con sus “olvidos”, constituye uno de los elementos que fomenta la persistencia tal identidad.

NOTAS

  1. Por ejemplo, Schwarzstein sugiere que el uso de los testimonios le permitió a Juan Carlos Torre “acercarse al punto de vista de los protagonistas de los sucesos [del 17 de octubre de 1945] para lograr una mejor comprensión de la compleja trama de la historia que desembocó en el peronismo”. (Schwarzstein, 1995: 53).   <<<
  2. Una de las críticas que se disparan contra la historia oral supone que los actores entrevistados no constituyen una muestra estadísticamente representativa de la población o de alguna parte en particular de ésta. Ante esa crítica, Grele (1991a) responde que los entrevistados son elegidos no en función de reglas de la estadística, “sino porque son representativos de algún tipo de proceso histórico (…) y por la relevancia de la información que disponen sobre tal proceso en particular”. (p. 131) La cuestión, concluye Grele, “es historiográfica, no estadística”.   <<<
  3. Schwarzstein (2002a) sugiere que existen dos mecanismos para la “atribución de sentido al pasado”: las representaciones públicas y la memoria privada. (p. 473) “El primero es el aparato histórico que constituye el campo de la representación política de la historia. (…) existen múltiples representaciones públicas y éstas compiten entre sí. La memoria dominante es resultado de estas luchas (…) Hay un segundo modo de enfocar el proceso de producción social de la memoria. Un conocimiento del pasado y del presente es producido en la vida cotidiana.” (Schwarzstein, 2002a: 473-474) Passerini (1983) sugiere la coexistencia de dos niveles de memoria: primero, una memoria estereotipada, vinculada a tradiciones de larga data; segundo, una memoria que abreva en la experiencia de vida. Ambas constituyen en definitiva componentes de una cultura “y representan los dos polos de la memoria”; la autora advierte que entre ambos polos existe una relación de contradicción y, en otros casos, de complementariedad. (p. 195).   <<<
  4. Grele, siguiendo a Gramsci, define la hegemonía como “la lealtad espontánea que cualquier grupo social dominante obtiene de las masas por virtud de su prestigio intelectual y su supuesta función superior en el mundo de la producción”. (Grele, 1991a: 140).   <<<
  5. Institucional: su referente social puede ser encarnado por la política y la ideología, el gobierno, los partidos, sindicatos; su referente espacial esta constituido por la nación o el estado; el punto de vista y enunciación es impersonal, o bien, se expresa a partir de la tercera persona. Colectivo: el referente social en esta categoría es asumido por la comunidad, el barrio, el trabajo, las huelgas, rituales; su referente espacial lo constituye la ciudad, el barrio, el lugar de trabajo; el punto de vista y enunciación está constituido por la primera persona del plural. Personal: la vida familiar, los nacimientos, casamientos, son sus referentes sociales; el referente espacial es el hogar; el punto de vista y enunciación se expresa a partir de la primera persona del singular.   <<<

BIBLIOGRAFÍA

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