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ARTÍCULO ORIGINAL

Introducción a la obra de Hugo Zemelman y su aporte al estudio de sujetos sociales en Latinoamerica. Categorías, observaciones y reflexiones

(Introduction to the work of Hugo Zemelman and its contribution to the study of social subjects. Categories, comments and reflections)

Larry Andrade* - Valeria Bedacarratx*

Universidad Nacional de la Patagonia Austral - Unidad Académica San Julián - Colón y Sargento Cabral - CP 9310 - Santa Cruz - Argentina. Correo Electrónico: puertosj@yahoo.com.mx

RESUMEN

          La propuesta epistémico-metodológica de Hugo Zemelman es una de las producciones más originales que ha dado el mundo académico latinoamericano en las últimas décadas. La revisión de la producción intelectual da cuenta de cómo ha impactado la misma en el ámbito científico de las ciencias sociales. Sin embargo, es común la referencia parcial a una o algunas categorías de la obra sin permitir valorar la producción del autor en su conjunto. A partir de esta constatación es que realizamos una revisión de artículos y libros del autor y seleccionamos aquellos materiales y categorías que permitirían componer un panorama del modo en que su propuesta considera/piensa la cuestión epistemológica y metodológica en las ciencias sociales. Una serie de observaciones articuladas con la exposición de las categorías zemelmanianas permiten llamar a la reflexión sobre posibles aporías presentes en la misma. En Discusión y Conclusiones destacamos lo que, a nuestro juicio, son los principales aportes y también las limitaciones de la obra de este sociólogo chileno.

Palabras Clave: Conceptos ordenadores; Construcción crítica del conocimiento; Sujetos Sociales; Uso Crítico de la Teoría.

ABSTRACT

          The epistemic-methodological proposal of Hugo Zemelman is one of the most original productions that the Latin American academic world has given in the last decades. The revision of Zemelman’s intellectual production shows its impact in the scientific field of the social sciences. However, it is usual the partial reference to one or some categories of the work without allowing to evaluate the production of the author as a whole. From this finding, we carry out a review of articles and books written by the author and select those materials and categories that, would allow to compose a panorama of the way in which his proposal considers the epistemological and methodological issue in the social sciences. A series of observations articulated with the exhibition of the Zemelmanian categories call for reflection on possible aporiae present in them. In Discussion and Conclusions, we highlight what, in our opinion, are the main contributions and also the limitations of the work of the Chilean sociologist.

Keywords: Organizing concepts; Critical construction of knowledge; Human being; Critical use of theory.

INTRODUCCIÓN

          La exposición de la propuesta epistémica de Hugo Zemelman procura retomar, de su extensa producción académica, categorías que pueden ser útiles en el esfuerzo por iniciar una investigación de modo que las mismas permitan incluir (y dar cuenta de) la creciente complejidad de la realidad socio-histórica, especialmente en el momento de pensar (y luego recortar) un ámbito determinado para su estudio. Desde la mirada que propone el autor, enriquecer el campo de observación antes de ir a su recorte con fines de observación científica es una cuestión básica, en tanto la diversidad y riqueza no contenida en esta instancia no podrá ser reconstruida posteriormente, aun disponiendo de sofisticado instrumental (estadístico o de otro tipo) para su análisis. De allí que una parte importante de sus escritos se afinca en el proceso que va desde la apertura al cierre del campo de indagación y la serie de operaciones que visualiza como necesarias, llegando a la delimitación de un campo de observación rico y con la opción de múltiples objetos pasibles de ser abordados según sea el interés que oriente al sujeto que investiga. En esta línea de trabajo, no se hará un análisis de las fuentes en las que abreva el pensamiento del autor.
          No obstante, vale la pena recordar que si algo caracterizó el trabajo académico de Hugo Zemelman como profesor-investigador en El Colegio de México, fue la originalidad de su pensamiento, partiendo de categorías marxistas y fenomenológicas, entre otras. La particular articulación de perspectivas es lo que le permitió al autor diferenciarse críticamente de las teorías predominantes y poder hacer un uso razonado de las mismas, algo que no fue ni es –paradójicamente- frecuente en esa institución, cuyos académicos, en su mayoría, se dedican más bien a “traducir” la producción del mundo académico norteamericano en general o anglo-sajón en particular, a versiones digeribles localmente y bajo el rotulo de “lo último que se está haciendo en… es…”.
          La selección de categorías que exponemos, por un lado, atiende a la relevancia que Zemelman otorga a las mismas lo largo de su obra (Cfr. Zemelman 1997, 1982 y 1994 y también Andrade, 2007, por mencionar algunas) y, por otro, permite discutir con el autor las implicaciones epistémicas y metodológicas que traen consigo de cara a planificar investigación e intervención social. Proponemos, como estrategia pedagógica, una exposición en tres bloques de contenidos que refieren a tres momentos cruciales del proceso de investigación social, a saber:

- primero, el trabajo de pensar e iniciar el ingreso y apertura del campo de intervención. Este incluye las categorías relación de conocimiento, apertura, problematización, aprehensión, totalidad, complejidad, potencialidad y reconstrucción articulada;
- segundo, al momento de definir el/los objeto/s y organizar la intervención propiamente dicha. Este contiene las nociones de problema-eje, historicidad, pensar categorial, conceptos ordenadores e inclusividad y
- finalmente, la instancia del cierre y delimitación de un campo de observación con la definición de un campo de múltiples objetos pasibles de investigación y/o intervención social.

          Aquellos aspectos que consideramos ameritan críticas y/o advertencias, fueron señaladas bajo la forma de Observaciones. Éstas, nueve en total, puntualizan inquietudes acerca de expresiones del autor, las que podrían estar reflejando ambigüedades con relación a la crítica que realiza a la pauta tradicional de la investigación social. Allí señalamos puntos ciegos y/o críticos e indican nuestra posición sobre los mismos. De este modo, asumen el lugar de puntales de una valoración crítica que exponemos en Discusión y Conclusiones de este artículo, donde se presentan valoraciones promovidas por la lectura de la propuesta analizada y aportes conceptuales para seguir pensando el apasionante desafío que trae consigo la investigación en ciencias sociales.

MATERIAL Y MÉTODOS

          La selección definitiva de los materiales (artículos y libros) sobre los que trabajamos para elaborar este artículo surgió con posterioridad a la revisión de un número mayor de aquellos que aquí se referencian. En este marco optamos por profundizar en los que exponen las categorías teóricas que permitirían elaborar un esquema teórico-conceptual que diera cuenta con bastante claridad cómo pensaba el autor la intervención e investigación en ciencias sociales.
          El análisis y articulación de categorías con miras a conformar ese esquema descansó sustantivamente en las expresiones del autor y en el modo en que él mismo realiza el trabajo en sus diferentes escritos, especialmente Zemelman (1994).

HILVANANDO UN ESQUEMA CONCEPTUAL

          Zemelman articula buena parte de su obra sobre una posición tajante y crítica de las teorías consolidadas y vigentes, planteando la necesidad de dejar provisoriamente la teoría en suspenso, para no ceder a la tentación de imponer a los datos de la realidad esquemas interpretativos preconcebidos.

De aquí que le resulta interesante confrontar el racionalismo crítico y el racionalismo dialéctico. El primero “(…) que exige la confrontación con la realidad, se reduce al siguiente esquema: la teoría se transforma en una enunciación hipotética sobre la realidad que plantea a la exigencia de verdad como correspondencia y cuya solución se alcanza mediante la ´prueba´; procedimiento que, a través del ensayo y error, alimenta a la acumulación teórica. En cambio, el racionalismo dialéctico pretende una reconstrucción que sintetiza lo dado y lo virtual. Lo dado se confronta por medio de la falsación (u otro procedimiento de corroboración), mientras que lo virtual se confronta a través de la construcción de objetos con capacidad de articulación, según el siguiente esquema: la teoría se transforma en conceptos ordenadores cuya función es organizar campos de observación que constituyen el marco para construir objetos en su interior; por lo tanto, la acumulación se produce en el contexto de la vigencia del objeto construido, porque se da mayor importancia a las formas de construir objetos que al mismo objeto” (Zemelman, 1994: 6).

          En el párrafo precedente se encuentra el corazón de la propuesta zemelmaniana: uso crítico de la teoría que incluye la novedad de pensar los conceptos que define como ordenadores en una función conceptualizada como epistemológica, donde es la incorporación de la “premisa de lo indeterminado” lo que diferencia a uno de otro racionalismo, permitiendo ésta inclusión abrirse a lo inédito de la realidad y no realizar una clausura teóricamente anticipada de la misma.
          Transitar de la consideración del método (1) como camino y de la metodología como conjunto de reglas para conocer el objeto a un modo de razonamiento acerca de la realidad, supone “que el punto de partida tenga que buscarse en un fortalecimiento de la capacidad para desconcentrarnos frente a la historia, de manera de estar en condiciones de verla por encima de las condiciones de índole teórica e ideológica dominantes. En verdad, la capacidad de ver está ausente en muchos científicos” (Zemelman 1992b:127, itálicas en el original).

PRIMER BLOQUE DE CONTENIDOS: INGRESO Y APERTURA DEL CAMPO

          Establecer el vínculo con el fenómeno exige precisar la relación de conocimiento, asumiendo que la misma: “cumple la función de definir la estructura de las categorías que conforman el ángulo desde el cual se piensa. Es lo que concebimos como el momento epistemológico. La función explicativa de la teoría no es negada pero sí queda subordinada a esta relación fundada en categorías del pensamiento” (Zemelman 1996: 51). A su vez, el papel de la relación de conocimiento es “trascender la percepción estrictamente teórica, de manera que sea posible llegar a captar la situación del problema” (Ídem, 154). Sin embargo, el papel más importante de la relación de conocimiento es definir la posición del sujeto ante la realidad. Una vez definida la relación de conocimiento, llega el momento de la apertura (Zemelman 1992b: 131).

* Primera observación: Siempre hay teoría en la observación. Lo importante es valorar razonablemente alcances y límites que esa carga teórica habilita. No se podrá pensar lo aun no nombrado si no es a partir de la crítica a los conceptos con los que se interviene y al empleo de nuevos, aunque siempre estaremos limitados por ellos.
Es en la apertura donde la interrogación a la pregunta de investigación planteada cobra relevancia, es decir, ¿por qué se define el problema de investigación de un modo y no de otro? La apertura del pensamiento “considera la necesidad de transformar las propiedades de lo real-objetivo en exigencias orientadoras del razonamiento, de manera que el referente real no sea sólo lo dado teórica o empíricamente, sino que incluya las potencialidades de la realidad, lo cual resulta de entender a ésta como un campo de posibilidades objetivas (...) la apertura, por lo tanto, implica romper con los condicionamientos teóricos que determinan el razonamiento” (Zemelman 1987: 58). De este modo, la propia apertura es la cristalización de la relación de conocimiento.
Un momento crucial en esta instancia es la problematización. Esta permite reconocer y, eventualmente, controlar, los condicionamientos valóricos, teóricos y/o experienciales sometiéndolos a un exigente proceso de interrogaciones que apunta a detectar las relaciones que establecen con la existencia del problema (Cfr. Zemelman, 1987: 38, 51; 1996: 68). Desde el Análisis Institucional, este fenómeno es abordado desde la idea de “analizar la propia implicación” (Cfr. Bedacarratx, 2002). Al respecto, señala Baz (1998: 63): “si la construcción del proceso de investigación inició enfocando un tema que llamaba nuestro interés y que parecía relevante social y teóricamente, el pasaje del tema al problema de investigación revela ya, sin lugar a dudas, ciertos presupuestos que hay que desmontar cuidadosamente. La manera de preguntar es un analizador privilegiado del horizonte epistémico que despliega el investigador en su movimiento”.

* Segunda observación: ¿Cómo apropiarse de lo que se define como “lo potencial de la realidad” si no es a través de conceptualizarlo? Si lo potencial se concibe como lo de posible existencia por sobre lo que probablemente existe a partir de ser nombrado por la red conceptual de una o más teorías, lo que requiere es una fuerte apuesta al descubrimiento, procurando discernir aquello que no se muestra y donde muchos “ven” –solamente- lo denotado teóricamente. La expresión “que el referente real no sea sólo lo dado teórica o empíricamente” evidencia –sobre todo en la expresión “empíricamente”- una recaída en aquello que se procura criticar: “sólo lo dado” lleva consigo una aceptación de que existe algo externo e independiente del sujeto, que siempre estuvo y estará allí, sea quien sea el que observe. Tal vez “denotado teóricamente” en lugar de “solo lo dado teórica o empíricamente” sería una expresión que evitaría confusiones como la indicada.
El momento de la apertura también da lugar a una instancia importante en la conceptualización del fenómeno, denominado aprehensión. Esta consiste en la “capacidad del razonamiento para reconocer campos de objetividades posibles, antes que circunscribirse a la organización en contenidos estructurados teóricamente” (Zemelman 1992a: 183). En este momento, se puede avanzar hacia la explicación teórica (Ídem, 185). Este “reconocimiento de objetividades posibles” se logra en razón de que la aprehensión “… consiste de una forma articulada de razonar sin precipitar ninguna jerarquización sobre los contenidos. No predetermina una jerarquía, sino que se restringe a delimitar campos que son posibles de transformarse en objetos de conocimiento. En este sentido es preteórica (…) su función, por lo tanto, es concebir lo real como niveles en proceso de articulación, por medio de los cuales se manifieste el dinamismo que pueda estar determinado por cualesquiera de esos niveles en su relación recíproca” (Zemelman 1992a:185).
Con preeminencia de la lógica del objeto (no de la explicación teórica que se pudiera hacer) y de sus dinamismos constituyentes, la idea de reconstrucción articulada se apoya en un uso crítico de la teoría y exige el tránsito por dos momentos previamente referidos: la apertura y la problematización, en tanto instancias vitales en el necesario desbroce de condicionamientos previos y requisito imprescindible para abrirse a lo objetivo, más allá de lo señalado por la teoría.
Así, la reconstrucción articulada:
- “delimita la realidad como contexto del problema para, dentro de su marco, definir un campo de opciones (2) a partir del cual sea posible elegir la o las alternativas viables que concreten el interés de un sujeto social (3) (…)
- sirve de base para la selección de los conceptos ordenadores más apropiados para llegar al conocimiento del problema, puesto que ayuda a determinar la naturaleza específica que éste asume (…)
- opera mediante relaciones capaces de establecer entre sí el conjunto de niveles articulados de la realidad, a partir de la exigencia planteada por el problema eje, también llamado punto de partida” (Zemelman 1987: 67).
Se trata de una forma de razonamiento que problematiza los puntos de partida, buscando la delimitación de articulaciones cada vez más inclusivas, con base a un conjunto de “conceptos ordenadores”, que organizan la relación con la realidad: “la teoría reviste, de este modo, un carácter abierto, puesto que está determinado por la configuración problemática que puede trascenderla. Cuando la teoría se utiliza en esta función delimitadora (o epistemológica), a los conceptos los denominamos ordenadores” (Zemelman 1992a: 201, resaltado nuestro).
Estos conceptos, anota el autor, “cumplen la función de abrirse hacia el horizonte empírico sin sujeción a contenidos a priori pero constituyen la posibilidad de contenidos teorizables. Esta profundización de lo empírico y la consiguiente formulación de los conceptos es en lo que consiste la construcción del objeto” (Zemelman, 1994: 14).
Los conceptos contenidos en la teoría ya no pueden usarse con una mera función denotativa, sino que es preciso “abrirlos” (más que constituirlos en “marcos”) para ir más allá de los límites de lo indicado. Es posible así, cumplir con la función epistemológica más atrás referida, en la búsqueda de anudar nuevas relaciones y tomar en cuenta lo novedoso en un contexto determinado.
Daría la impresión aquí que buena parte del esfuerzo radica en la posibilidad de nombrar los componentes de una particular articulación en contexto. Y para ello, tal vez, no alcance sólo con la teoría disponible: de allí la demanda de una constante vigilancia epistemológica –para no ser absorbidos por los significados disponibles- y capacidad crítica –para poder avizorar los límites de lo que se está nombrado a partir de los conceptos en uso-.
Se transita, de este modo, desde lo que podríamos definir como un uso “convencional” de la teoría –lectura y aplicación- a un “uso crítico de la teoría”, en razón de que el investigador debe comenzar a pensar teóricamente sin someterse a la jerarquía conceptual de ninguna teoría ni atenerse a las delimitaciones de la realidad que la misma trae consigo. Además, esta modalidad de intervención conlleva la inquietante cuestión de responder ¿a fin de qué intervenimos en esa realidad particular? y la posibilidad de múltiples opciones de explicación, lo cual también interpela acerca de ¿cuál será el criterio por el que elegir entre ellas?
Sintetizando lo señalado respecto de la reconstrucción articulada, puede afirmarse que: “a) no se refiere al campo asimilado como contenido de una teoría explicativa, porque, más bien, es generadora de un campo de observación que la incluye (...), b) no es en sí misma una integración, sino que sirve para poner de manifiesto las condiciones que hacen posible reconstruir la totalidad específica (...), c) como recurso metodológico, deja a la teoría en un lugar subalterno durante las primeras etapas de la investigación. En este sentido, es un instrumento para la construcción del objeto, en vez de servir para la prueba de una o varias hipótesis” (Zemelman 1992a: 230-231).

* Tercera observación: ¿Quién articula? Los fenómenos de la realidad social existen independientemente de la conceptualización que hagamos de ellos, lo que varía, precisamente en razón de la mirada teórica, es el modo en que los nombramos y cómo los describimos. Por lo tanto, existe la posibilidad de que diferentes sujetos articulen conceptualmente componentes similares de modo diverso, lo que dará lugar a variadas visiones acerca de la realidad y, consecuentemente, a múltiples y diversos objetos. Esa articulación es producida desde un lugar teórico. La tarea de “abrir los conceptos para ir más allá de lo denotado” ¿cómo se realiza sino desde un uso crítico de la teoría que se pone en el tapete? y ¿Cómo se operativiza ese uso crítico sino es mediante un razonamiento orientado por el esfuerzo de comprender e incorporar aspectos inéditos el fenómeno que se observa, cuya primera manifestación emerge a la conciencia del sujeto cognoscente por vía de la intuición? El modo de razonar es el de un sujeto epistémico posicionado en un determinado lugar teórico, desde el cual puede avizorar aquello que desde otro no puede. Pero, sobre todo, es producto de una actitud inquisidora que no se conforma con la denotación teórica de uno o más aspectos de la siempre cambiante realidad.

* Cuarta observación: Aceptar la existencia de lo indeterminado, de lo azaroso en la realidad que se estudia en las ciencias sociales no lleva a sostener que la teoría no sea útil, sino más bien a valorar críticamente el potencial de la misma y la urgencia por definir ¿Desde dónde estamos “mirando”? y ¿Cómo definimos eso que “vemos”? No es vacío de teoría lo que se busca sino teoría pertinente y uso crítico de la misma.
La teoría, en tanto abstracción tiene un alcance en tiempo y espacio muy amplio si atendemos a su nivel de abstracción, pero su validez concreta está en la referencia a un contexto particular, donde despliega su potencial explicativo. Como estos contextos cambian es muy posible asumir que la teoría explica cada vez menos porciones de él y resulta necesario introducir nuevas conceptualizaciones.
Entre la reconstrucción articulada y la determinación de puntos de articulación (potencialmente activables y asociados a lo que se conoce como Análisis de Coyuntura) se encuentra, incluyendo a estos últimos, la categoría de potencialidad. Esta, en la obra de Zemelman (1992b: 149), “representa la posibilidad de anticipar la dirección que puede tomar el desarrollo del fenómeno, con base en una articulación de niveles de la realidad que se ha producido históricamente (...)”.

* Quinta observación: la forma en que el autor conceptualiza la noción de potencialidad -en la cita precedente- se asemeja a la idea de predicción, presente en los metodólogos clásicos. La “posibilidad de anticipar la dirección” por la que puede transcurrir un fenómeno está directamente asociada a acciones concretas de sujetos (alianzas, distanciamientos, traiciones, por ejemplo) por lo cual siempre se trabaja sobre escenarios inestables, tornando bastante difícil esa posibilidad, aunque puede resultar posible anticipar direcciones probables.

SEGUNDO BLOQUE DE CONTENIDOS: MOMENTO DEL RECORTE E INTERVENCIÓN

          La impronta marxista, en la propuesta del autor, se refleja claramente en la importancia que adquiere la historicidad en el abordaje de los diferentes fenómenos. Cuando refiere a la función crítica de esta categoría, es claro al señalar que “toma distancia respecto de los parámetros que definen lo que es determinable (...) la función crítica de la historicidad traslada el eje del razonamiento hacia lo no dado, colocándose frente a lo que se encuentra en estado de potencialidad (...) para ello se debe poder pasar de lo articulado a su articulabilidad en función de nuevos contenidos (...) el razonamiento se ubica en una exigencia de especificación creciente” (Zemelman 1992b: 78). Esto se relaciona con los conceptos indicadores y la necesidad de nombrar lo aún no definido por una teoría determinada.
          Así planteada, la “historicidad alude a la apropiación de lo no dado en lo dado de la realidad, a una apropiación de contenidos posibles que puede llevarse a cabo desde diferentes ángulos, obliga a un rescate del pensamiento categorial, traspasando los límites del pensar teórico. Es por eso que la historicidad exige la ruptura de los marcos parametrales, al considerar la posibilidad de transformación de los contenidos conformados en su interior; en este sentido, la historicidad es la necesidad de lo indeterminado, en tanto exigencia de nuevos parámetros” (Zemelman 1996: 48, itálicas en el original).
          El pensamiento categorial, por su parte, exige “concebir la historia no sólo como el pasado de algo que imprime una huella indeleble, sino, sobre todo, como presente en que se conjuga lo dado en lo dándose, el cierre con su apertura, y cuya articulación se realiza mediante las prácticas de los sujetos en el esfuerzo por construir su utopía. Ahora bien, en el plano epistemológico la argumentación anterior corresponde a una forma de razonamiento flexible ante las mutaciones de la realidad, en forma de poder abrirse a ellas rompiendo con sus propios límites, en los que destacamos los teóricos (…) se traduce en el reconocimiento de contenidos que puedan construirse; o sea, en primera instancia, que sean lógicamente posibles (…) de tal modo que ´el pensar categorial contribuye a potenciar las posibilidades de aprehensión´” (Zemelman 1992b: 85-87).
          No está de más indicar que la idea de límite teórico se aproxima bastante a la clásica conceptualización de obstáculos epistemológicos que propusiera Bachelard. En la línea de pensamiento del autor, hay una exigencia de objetividad, de “atrapar” lo que queda afuera y para ello se requieren nuevas conceptualizaciones.
          La lógica de inclusividad adquiere aquí una importancia decisiva, puesto que permite romper lo denotado por una teoría y su esquema conceptual, y avanzar hacia lo que una teoría no indica, abriendo la posibilidad de encontrar significaciones que no son pensables desde la estructura conceptual actual con la que el investigador enfoca la realidad (Cfr. Zemelman 1992a: 196).
          La relevancia de esta categoría radica en que “toda vez que la realidad se concibe como un movimiento articulado de procesos heterogéneos, una primera estructura de relaciones posibles ha de basarse en la idea de inclusividad, la cual nos permite vincular conceptos sin recurrir por fuerza a una hipótesis teórica...” (Zemelman 1987: 41). ¿Qué implica pensar desde una lógica de inclusiones? En primer lugar, no quedarse en el mero señalamiento de ámbitos de la realidad que una cierta teoría denota. Hacerlo, conlleva una actitud cautelosa ante la posibilidad de una aplicación meramente instrumental y requiere responder el siguiente interrogante: ¿Con qué conceptos de qué teoría se aborda el ámbito de observación actual? aceptando con ello que la forma del fenómeno no es única, que la misma viene moldeada por la mirada (teórica) del observador. Esto plantea la situación de que fenómenos, aparentemente similares, en distintos contextos pueden obedecer a una articulación de dimensiones de diferentes niveles de la realidad.
          Sobre la importancia de cada contexto y su vínculo con el problema-eje, afirma Zemelman (1987: 60): “conocer es especificar y especificar es delimitar las relaciones de articulación que posee el problema respecto de otros fenómenos de la realidad. Este conjunto de relaciones es el contexto especificador dentro del cual el problema-eje adquiere su significado (...) [de tal modo que] la transformación del problema implica un doble cuestionamiento: de la teoría contenida en la definición del mismo, pues se exige a ésta subordinarse a las exigencias del razonamiento; y de lo empírico-morfológico, ya que al abandonar la fijeza aparente en que se presenta, se exige a éste mostrarse en sus cambios posibles”.

* Sexta observación: la propuesta de pensar en términos de inclusiones necesarias en vez de hacerlo desde la formulación de hipótesis adquiere relevancia, en tanto la hipótesis se orienta a probar un sector de la teoría, la noción de inclusión apunta a una ampliación del alcance de una teoría. Sin embargo, la tarea en los dos casos parte de un re-trabajo sobre esta última y su contraste con la realidad, único modo de visualizar ámbitos no tematizados por aquella. En la discusión entre “la teoría” y la “especificidad del fenómeno” trasunta una discusión revisitada en las últimas décadas, la de lo micro y lo macro, basamento de buena parte de la discusión cualitativo-cuantitativo en las ciencias sociales desde los años ´90 por lo menos.
Gardner (2009: 89-90) ilustra meridianamente lo que aquí procuramos dejar establecido: “esta clase de imaginario narrativo pondrá nerviosos a muchos científicos sociales, porque ellos quieren encontrar leyes invariables cuya forma sea ´A        B, bajo condiciones C, D y E´. Quieren poder decir que algo que ocurrió no podría haber ocurrido de otra manera, puesto que una ley de las ciencias sociales demuestra su necesidad lógica y empírica. Si, en cambio, encuentran una historia -sobre todo una historia que podría haber resultado de otro modo- se sienten engañados (…) Si uno se apega estrictamente a esa versión de la ´ciencia´ en las ´ciencias sociales´ tendrá un gran problema”.

* Séptima observación: lo empírico-morfológico se mostrará en su existencia actual y en sus cambios si se es capaz de someterlo a una presión conceptual tal que no pueda seguir apareciendo como monolítico e impenetrable, como único. La agudeza para lograrlo radica en los conceptos con los que razonamos. Esta afirmación es bastante conocida en las ciencias sociales, por lo menos, desde la aparición del Oficio del Sociólogo en los tempranos años ´70.
La definición de un problema-eje se constituye en el pivote sobre el que se apoya la investigación en ciernes y servirá también como eje en torno al cual se penetra la realidad, articulando los diferentes niveles que suelen ser objeto de estudio de diferentes disciplinas. De tal modo que “... el proceso constructor del objeto consiste en reconstruir un campo articulado con base en un problema-eje que sirva de punto de partida del conocimiento. Corresponde al esfuerzo de pensar de acuerdo con los requerimientos de un campo de posibilidades, en forma que pueda llegarse a fijar el contenido teórico de una proposición, rompiendo con la fragmentación de la observación sobre la realidad, mediante las articulaciones posibles del problema eje (...) refleja el esfuerzo por penetrar en la realidad por medio de una lógica de inclusividad de niveles que operan mediante instrumentos conceptuales…” (Zemelman 1992a: 196).

* Octava observación: la apropiación de dimensiones y aspectos novedosos de la realidad es producto de una reflexión teórica, que inaugura un camino del pensamiento que se apropia de nuevas relaciones constitutivos del fenómeno. Una cuestión es procurar conocer los determinantes de un fenómeno y otra muy diferente es estar de acuerdo teóricamente en lo que el mismo es. Esta última opción anula la posibilidad de ahondar y encontrar relaciones, cuya existencia daría cuenta de manifestaciones del fenómeno que podrían ser consideradas secundarias o superficiales por no tener el bagaje teórico-conceptual para abordarlas y comprenderlas o, más común, ser considerados secundarios o superficiales porque la teoría desde la que se lo observa no da relevancia a las mismos.
Junto a las categorías reseñadas hasta aquí, emerge con claridad la de totalidad. Tal vez la idea de “todo” se comprenda mejor si se la piensa como una exigencia en la construcción y comprensión del significado de un fenómeno. No supone exhaustividad sino la exigencia de retener, en la instancia analítica, las dimensiones y vínculos que permiten comprender, efectivamente, cómo y por qué se manifiesta ese fenómeno y con esas características. En este sentido, se puede hablar de la totalidad como exigencia epistemológica del razonamiento analítico (Zemelman 1992a: 50): “desde la perspectiva epistemológica los elementos o niveles componentes de la totalidad son teorizables sólo en función de su relación posible con el «todo». El «todo» es el que da sentido a las partes en cuanto las incluye; las partes, a su vez, son el movimiento de esa inclusión. Sin embargo, el «todo» no alude a un «todo» real sino a una exigencia de totalizar lo fragmentario; no implica, entonces, el movimiento como realidad ya construida sino, más bien, como una construcción que se aprehende en tanto constituyéndose”.

* Novena observación: El autor insiste en la necesidad de un uso alternativo y crítico de la teoría, de modo tal que el sujeto cognoscente asuma un rol fundamental y produzca, desde ese posicionamiento, una conceptualización en la que “los hechos asumen su significación específica”. Al respecto afirmamos que no hay hechos sino en tanto productos de una construcción teórica y la “significación específica” no está dada anticipadamente sino que resulta de la lectura –conceptual- que hagamos del ámbito observado, por lo tanto la significación es relativa. Los hechos interrogados muestran unos u otros aspectos según quién los interrogue y qué pregunta realice, por lo que asumen “una” significación específica dentro de un abanico de posibilidades, para no terminar aceptando lo que el autor niega una y otra vez: que no hay esencia última de la realidad, esto es, que los hechos no tienen una sola significación ni existen por sí mismos.

TERCER BLOQUE DE CONTENIDOS: CIERRE Y DELIMITACIÓN DE UN CAMPO DE OBSERVACIÓN

          Una cuestión que reviste especial importancia es la relativa al cierre del campo observacional, el cual necesariamente no es un final, sino el inicio de nuevas aperturas, en tanto se parte de considerar a la realidad en continuo movimiento, concepción en la cual la reconstrucción articulada inaugura alternativas para teorizar el fenómeno pero que en modo alguno lo agotan. Y esto por dos razones: no se puede estar seguro de que la variedad de opciones de teorización que se abrieron saturan las diferentes dimensiones del fenómeno en ese contexto y, por otro lado, no se debe perder de vista que la configuración actual, con el devenir del fenómeno, se reconfigura en formas inéditas que podría interesar conocer.
          Expresa Zemelman (1992b: 131) que “el cierre radica en incorporar lo indeterminado en la construcción de los contenidos particulares, cuyo rasgo consiste en poder dar cuenta de un nivel-momento de la realidad de manera de articularlo con otros niveles-momentos; por eso, el cierre de un contenido constituye un distanciamiento respecto del mismo contenido, lo que supone transformar toda determinación en un campo problemático”.
          Las distintas opciones de articulación permiten al investigador conformar un campo de problemas, cuya posibilidad de ser investigados depende, como fue señalado, de opciones que un sujeto -culturalmente determinado- decida llevar adelante. El campo problemático, afirma el autor, “no se reduce a un objeto, incluye modalidades diferentes de contenidos” (4) (Zemelman, 1994: 11); para lo cual: “la empiria es transformada en universos de observables articulados que, en su conjunto, nos permiten configurar campos problemáticos” (Zemelman, 1992b: 152) (5).
          Atendiendo al tránsito que va desde la apertura hasta el cierre y procurando dar por terminada la sección de –nuestra particular selección y- exposición de la obra zemelmaniana, se recupera una última afirmación del autor para dar cuenta de ese movimiento: “la apertura encuentra su cierre máximo en la determinación de un objeto, cuyo contenido en razón de estar inserto en el campo problemático que lo incluye, no se puede determinar por simple derivación de una hipótesis; por el contrario, requiere tomarse en consideración cómo fue detectado como objeto desde su descubrimiento en el campo problemático que lo especifica (...) la idea central que nos orienta es que la apertura frente a lo real conforma el campo desde el cual se puede teorizar (...) la delimitación de un campo problemático representa un instrumento para evitar la formalización de las abstracciones, en virtud de que su elaboración queda circunscrita a un campo de observación encuadrado en parámetros de tiempo y de espacio muchas veces implícitos; lo que dificulta poder determinar la historicidad del conocimiento” (Zemelman 1992b: 153).

RESULTADOS

          Importa indicar, en primer lugar, que se trabajó sobre una selección de la amplia producción académica de Hugo Zemelman, donde encontramos aquello que resultaba de interés a nuestros objetivos al escribir este artículo, lo cual no agota la variedad y cantidad de expresiones presentes en la obra del autor. Sin embargo, creemos que las aquí expuestas son los pilares que estructuran su propuesta epistémico-metodológica.
          En segundo término, existen notables coincidencias entre varias de las expresiones y reflexiones aquí vertidas y los planteos desarrollados en diversos textos que tratan de la metodología cualitativa y el análisis institucional, entre otros aportes con importante impacto en el campo de la investigación social. El esfuerzo de la producción de Zemelman habría adquirido su máxima relevancia cuando el debate cuantitativo-cualitativo se manifestaba con fuerte efervescencia y el último término de la dicotomía no ganaba un espacio decisivo en el mismo. Sobre el particular, basta con revisar los programas de los cursos de metodología de prestigiosas instituciones de posgrado, lo cual permite apreciar qué se entendía por metodología a principios de los años ‘90 y entrados los años 2000 y cómo el alcance de ese término se amplió notoriamente en los últimos años.
          Como reflexión global, consideramos que en los textos revisados trasunta una concepción de complejidad que no termina de aglutinarse en una idea que favorezca su abordaje y discusión, especialmente si se atiende a que esta noción resulta decisiva en la posibilidad de avanzar con niveles crecientes de profundización en el análisis de la realidad social. Al respecto pueden verse las 7 dimensiones del concepto que señala Morin (en Bedacarratx, 2014).
          Una dificultad asociada al abordaje y comprensión de la propuesta, es la diversidad y cantidad de categorías que el autor propone y cuya articulación no siempre está explícitamente indicada. Esto complica notablemente la apropiación y el trabajo con las mismas. La nomenclatura tan específica que utiliza Zemelman hace que muchas veces la atención esté más bien puesta en no equivocar el empleo de tal o cual categoría que en pensar qué se obtiene con su aplicación en el proceso de investigación. En este marco, es que se optó por operar con la construcción de los tres ejes de contenidos, cada uno de los cuales incluye un grupo de categorías que pueden constituirse en valiosos aportes al momento de planificar la apertura de un campo de investigación.
          Si se atiende a la propuesta en sí misma, en la amplitud de la mirada que propone y también las observaciones que se fueron realizando, se acordará con el autor en que cualquier fenómeno en observación, por finito que parezca, es resultado de múltiples confluencias y dinamismos provenientes de distintos niveles del acontecer social, por lo cual el recorte no puede realizarse sin más a partir de definir el problema de investigación y plantear una o varias hipótesis como respuesta provisoria. Exige otras consideraciones, especialmente en la concepción de objeto de investigación con la que trabaja el autor: “(...) el objeto no puede ser construido en función de un tiempo y un espacio que respondan a las exigencias de una particular opción teórica; por el contrario, el objeto ha de ser parte de una relación de conocimiento que refleje la realidad como un campo de posibilidades, objetividad que, como tal, plantea sus propias exigencias de tiempo y espacio, no necesariamente coincidentes con las propias de la opción teórica” (Zemelman 1996:154).
          A modo de cierre recuperamos, en lo que sigue, lo que consideramos algunos de los aportes más significativos de la obra analizada, sin que ello suponga que es, en todos los casos, el primero en realizarlos, sino que importa tenerlos en cuenta como tales en el marco de la particular ubicación y relevancia concedida por el autor en la estructuración de su mirada sobre los fenómenos sociales.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

          Antes de avanzar con una reflexión sobre categorías y conceptos hasta aquí expuestos, resulta pertinente una breve revisión de otros artículos que toman como objeto de sus reflexiones la obra zemelmaniana, con la finalidad de valorar el aporte que el presente artículo trae consigo.

OTRAS VERSIONES DE LA PROPUESTA DE ZEMELMAN

          Partimos de considerar que el nuestro no es ni el único ni el primer texto sobre el autor revisado. Al respecto, interesa realizar breves referencias a textos de colegas que han trabajado aspectos de la obra del autor, básicamente orientados a generar propuestas de intervención o programas de investigación sectoriales. Así, el artículo de Massé Narváez (1994) se propone mostrar diferencias entre lo que define como dos tradiciones antagónicas, el racionalismo crítico expresado por Popper y la dialéctica crítica, representada por Zemelman. Va realizando confrontaciones entre las posiciones de uno y otro autor, procurando dejar en evidencia que entre uno y otro existen algo más que diferencias de pensamiento, que los diferentes enfoques que representan se estructuran en torno a la lógica propia de las ciencias físico-naturales y humana y sociales que ambos piensan y practican, donde aspectos sustantivos que definen a un paradigma (tales como las dimensiones ontológica, epistemológica y metodológica) son radicalmente diferentes.
          Luego, elabora una argumentación de por qué la propuesta de Zemelman es pertinente para el estudio de lo regional. A lo largo de la discusión se centra básicamente en lo que el autor define como el momento de la apertura y la importancia que este adquiere en los subsiguientes pasos en que se desarrolla una investigación.
          Hernández y Trejo (2002), trabajando en uno de los equipos que para los tempranos años 2000 Zemelman tenía bajo su dirección en México, se centran en el esfuerzo por construir un instrumento útil para el análisis de coyuntura. En este contexto, los autores parten de impresiones iniciales sobre la categoría de coyuntura como la de poner en discusión sus posibilidades analíticas y reconocer las limitaciones del enfoque, resaltando dos tipos de simplificaciones en el empleo corriente de categorías como coyuntura y acción del sujeto, producto de una aplicación esquemática de los mismos, por un lado, al restarles relevancia como resultado de una sobrevaloración de las estructuras y las determinaciones o, por otro, el atribuirles una excesiva relevancia, por encima de determinantes socio-históricas, como resultado de un inmediatismo voluntarista. 
          Los autores asumen la noción de coyuntura como articulación de múltiples dimensiones y procesos sociales y en un tiempo y espacios particulares, por un lado; y por el otro, la noción de sujeto como partícipe de tales articulaciones y, por ende, como constructor de realidades socio-históricas. De tal modo que para ellos es un instrumento metodológico orientado por las necesidades, objetivos y proyectos de sujetos sociales.
          Introducen categorías presentes en la obra del autor como la de dinamismo constitutivo (procesos de constitución y reconstitución permanentes de los sujetos sociales) y la de proyecto, en tanto elemento consustancial de la capacidad constructora del sujeto. Este documento tiene la clara intencionalidad de analizar la posibilidad que diferentes sujetos sociales -por ejemplo, gremios y sindicatos- tiene de actuar sobre la que denominan puntos de activación a partir del análisis de las diferentes coyunturas que van transcurriendo. 
          El tercer trabajo es un libro sobre Historia de Vida, cuyo autor es H. Saltalamacchia (1992). En el mismo, dedica un apartado a revisar la potencialidad heurística de lo que presenta como uno de los más sugerentes enfoques que disputan la hegemonía del método hipotético-deductivo, tal es el llamado “constructivismo” dentro del cual Zemelman sería uno de los primeros representantes latinoamericanos. 
          Para Saltalamacchia, resulta de notable importancia la categoría “conceptos ordenadores” en tanto forman parte de un momento clave como es el de la construcción del objeto. Sin embargo, advierte que utilizará los aportes zemelmanianos insertándolos en un paradigma teórico bastante diferente al que utiliza el sociólogo chileno y más bien centrado en investigaciones con historias de vida. En este esfuerzo, coincide con la función que Zemelman atribuye a aquellos conceptos tal como es la de abrir el campo de la percepción. 
          Acuerda con Zemelman que la subordinación de la teoría a la forma de razonamiento consiste en no considerar a la teoría como el único punto de partida sino como aquel componente que, junto con el razonamiento, facilita la definición compleja de un objeto. Para esta última tarea, se vale también de la categoría de problematización en la que los conceptos ordenadores, en su momento epistemológico, contribuyen a delimitar un objeto particular que no busca la verificación sino la proposición de modelos de relaciones posibles que orienten el trabajo de intervención.

CATEGORÍAS Y CONCEPTOS EN LA OBRA ZEMELMANIANA

Importancia del contexto
La intención del autor es propugnar un modo de enfrentar el problema no desde su simplificación y desmembramiento, sino desde una visión de totalidad como articulaciones y determinaciones contextualizadas y respondiendo a características que son propias a la práctica social de los sujetos sociales allí ubicados y que, por lo tanto, resuman una especificidad que exige ser tomada en cuenta si de comprender cabalmente un evento determinado se trata.
La importancia del contexto en el análisis social ha sido resaltada por muchos y variados investigadores de las ciencias sociales. Atendamos, por mencionar una, la siguiente afirmación: “si el principio de la no-conciencia no es sino el revés del referido al ámbito de relaciones, este último debe conducir al rechazo de todos los intentos por definir la verdad de un fenómeno cultural independientemente del sistema de relaciones históricas y sociales del cual es parte” (Bourdieu et al, 1975: 35). Y esta afirmación es coherente con el planteo de Zemelman de entender al fenómeno en su contexto particular, anclado en las relaciones sociales en las cuales existe como tal.

Acerca del recorte y la problematización en el estudio de lo social
La posibilidad de una mirada multifocal se juega desde el arranque, no es algo que pueda lograrse en la mitad del proceso. Esto supone que, una vez recortado el ámbito de estudio, no puede pensarse la complejidad a partir de un objeto cuyo recorte fue guiado por el afán de simplificación; la complejidad es constitutiva de la realidad, por lo tanto, cualquier recorte que no contemple la multiplicidad de vínculos, relaciones y contradicciones propias de la misma, previo a su recorte metodológico, mutila irremediablemente tal riqueza. Aquí se puede encontrar una de las paradojas del análisis social contemporáneo, en el cual a la vez que aumenta la presión por definir problemas de investigación “acotados y manejables” en el muy corto plazo se refinan los instrumentos estadísticos de análisis, por lo cual podría suponerse que en este movimiento subyace un ideal de reconstruir la complejidad a partir de un recorte simplificado de la realidad.

Lo que Zemelman denomina problematización está presente en desarrollos que provienen del campo de la psicología social y se vinculan sustantivamente con la importancia de la teoría y las categorías de análisis, por ejemplo, en Baz (1998: 60-61): “Hay que interrogar: qué queremos decir al utilizar ciertas nociones, qué apuestas teóricas sostenemos, qué supuestos engarzan la lógica de nuestra argumentación. Esta problematización meterá en tensión los marcos y paradigmas frecuentemente contradictorios que cobijamos. También pondrá de manifiesto la necesidad de un marco conceptual consistente (…) estos momentos, de las llamadas categorías de análisis, que no son otra cosa que los pivotes teóricos elucidados y sustentados que le darán una cierta racionalidad al movimiento que hacemos en nuestro acercamiento y exploración de los procesos en estudio. Las categorías de análisis se vislumbran en los momentos iniciales pero estarán en construcción a lo largo de la misma; es decir, son construcciones abiertas cuyo sentido más pleno se logra en los momentos en que se abordan las tareas de análisis e interpretación de los materiales que son producto del desarrollo de la investigación (…)” (Baz, 1998: 64; itálicas nuestras).

          Asumir la propuesta de Zemelman como pensamiento de autor y no de lector (en el sentido del que repite lo dicho por otros) es la primera diferencia con los clásicos manuales de investigación, secuenciados de principio a fin para que el lector no tenga dificultades al trabajar con ellos y, sobre todo, dando una visión monolítica del proceso de investigación. La segunda diferencia es que, justamente, por no ser un manual, es una obra abierta al lector, quien podrá pensar y repensar cómo inicia y da curso a su investigación. Se podría decir que no son categorías para citar sino categorías para pensar.
          Desde una lectura política, y en estricta relación con la noción de utopía (Zemelman, 1998), razonar desde estas categorías tiene por objetivo abrir un panorama de posibilidades de concreción, cuya activación está directamente relacionada con las opciones que un sujeto visualice como posibles de ser llevadas adelante. La investigación, como es pensada habitualmente, no se plantea utopías, sino objetivos. El planteo de utopías es lo que hace de la propuesta, además de una modalidad para construir conocimiento, una propuesta política: es conocer para transformar, no para acumular.
          En razón del análisis y reflexiones expuestas es que no se tratan aquí (como tampoco lo hace el autor) importantes dimensiones de la práctica investigativa como lo son las denominadas técnicas de recolección y análisis de datos o la presentación de resultados. Sin embargo, sería un error suponer que las técnicas pertenecen a un plano solamente instrumental o, peor aún, que son “neutrales”. Hacerlo supondría desconsiderar los supuestos epistémicos que subyacentes, tal como el proceso de operacionalización de variables en la encuesta y el ideal fenomenológico de la comprensión en la entrevista; dos “técnicas de recolección de datos” paradigmáticas de la metodología cuantitativa y cualitativa, respectivamente.
          En este sentido, se plantea con Ardoino (1980: 21) que “lo que especifica bien un método en relación con las técnicas que emplea es la definición del objeto al cual se va a aplicar, objeto que, por otra parte, presupone; esto implica ya una toma de partido científica y con respecto a los modelos de referencia. Pero, en un segundo grado, el método se revela como producto de ideologías y de filosofías subyacentes”. De ahí surge la necesidad del desarrollo de una reflexividad crítica frente al conjunto de operaciones prácticas que se resuelven en la “lógica en acto” de todo proceso de investigación (Achilli, 2005).
          En nuestras observaciones se transmiten inquietudes ante expresiones del autor, especialmente porque parecen aludir a un sujeto que mira qué más puede haber allí donde está interviniendo, sin dejar claramente establecido que ese mirar no es neutral (no es la mirada omnicomprensiva que pueda ver todo y elegir qué tomar para su análisis) al contrario, ese mirar siempre está teóricamente orientado. Y esta es la tensión constante que recorre la obra y el dilema con el que se enfrenta el investigador: no sólo cómo ir más allá de “lo observable” denotado teóricamente sino, y más importante tal vez, cómo dar ese salto sin perder el vínculo necesario entre teoría y referente empírico. Investigación sin teoría es empirismo, teoría sin referencia empírica es mera especulación.

Implicación y visión crítica: el lugar del sujeto que investiga
El énfasis puesto en el sentido y la necesidad que un sujeto tiene para hacer tal o cual cosa, está en estricta relación con el cómo, desde dónde interviene en la realidad en busca, presumiblemente, de respuestas o de comprensión a situaciones problemáticas determinadas. Esta faceta del sujeto cognoscente tantas veces remarcada por el autor es una clara influencia de la fenomenología. En este marco, es clave definir desde dónde mira un sujeto determinado el fenómeno que le interesa. Si tiene claro por qué quiere hacer lo que se propone, lo que sigue es saber si la teoría que toma como referencia es apropiada para buscar respuestas a los interrogantes que plantea o, al menos, tener conciencia de qué tipo de respuestas puede esperar de la misma. El eje que articula toda la propuesta es el esfuerzo por evitar que el pensamiento acerca de lo social se restrinja a lo que determinados aparatos conceptuales indican, cerrando la posibilidad de pensar el contexto en el que el fenómeno emerge con sus particulares determinaciones (Cfr. Andrade, 2006: 19 y ss).
En general, los programas de posgrado (ej. maestrías, doctorados) que propenden a la formación en investigación, plantean unas condiciones tales que, casi inevitablemente, implican -más allá de las líneas teórico metodológicas en los que sustenten sus propuestas de formación- el establecimiento de un “pacto (secreto) con el positivismo” (6) (Achilli, 2005). Esto, porque generalmente los plazos de realización y entrega del trabajo de tesis que dan las instituciones suelen ser significativamente menores respecto al tiempo que supone una “estadía larga” en el campo, que habilite un proceso recursivo entre la construcción de datos (empíricos) y la producción conceptual.
Por el contrario, la restricción en disponer de los tiempos necesarios tiende a imponer la necesidad de secuenciar el diseño de la investigación de modo tal que el trabajo de campo –cuando exista tal- quede acotado a una instancia de búsqueda de información que sea relevante y/o estrictamente referida a los interrogantes de la investigación; preguntas que, en una etapa posterior, habrán de responderse desde un tratamiento de la información que procure “desechar” los datos “desviantes” (o que, en principio, no tendría directa relación con el campo problemático), simplificando o reduciendo la información producida para arribar a un conocimiento que quede integrado (o subsumido) en el corpus teórico de partida (7).

Una referencia a la noción de complejidad
En momentos en que “complejidad” forma parte del diccionario habitual de las ciencias sociales resulta por lo menos enigmático conocer cómo se aborda la misma desde un aprendizaje de la investigación (o de la metodología, que se emplean como sinónimos) que parece apoyarse más en axiomas que en favorecer posibilidades reales de libre pensamiento. Sobre la idea de complejidad, para no recurrir a los clásicos textos de Morin (en los que, a su manera, Zemelman se apoya), veamos la siguiente conceptualización, proveniente del campo de la investigación en didáctica (Souto, 1996): ¿Dónde hay complejidad? La encontramos allí donde hay:

- dificultad, donde nuestra mente queda perpleja, donde el pensamiento causal, lineal, resulta insuficiente para entender las incongruencias que se presentan;
- interacción, encastramiento de acciones, ligazón de partes en el todo. Las partes se incluyen a la vez en el todo, pero el todo también en las partes. Cada parte en el todo, conteniendo el patrimonio del todo y conservando su singularidad. Ni el todo da cuenta de las partes ni las partes del todo. Así se entiende el concepto de totalidad, se reconocen las singularidades y también su organización en conjunto o sistemas más amplios en los que se conservan la singularidad;
- fenómenos aleatorios, incertidumbre. Donde aparece lo imprevisible, lo que no responde a leyes conocidas ni a sus consecuencias (…) donde el principio de la incertidumbre es incluido (…)”.

La mención es sumamente rica y permite valorar el impacto que sobre la práctica de investigación tiene una concepción enriquecida de la complejidad, mostrando la multiplicidad de componentes que trae consigo. Luego de leer y reflexionar sobre la obra del autor, queda la impresión de que trabaja con una concepción no tan compleja de complejidad y por ello se vería obligado a utilizar varias categorías (reconstrucción articulada, historicidad, por citar algunas) para nombrar aquello que una conceptualización como la indicada incorpora de hecho. Cuando Zemelman (1996: 52) menta la complejidad, está aludiendo a una: “(...) exigencia de articulación dinámica de la realidad. De este modo, la complejidad resulta de considerar cualquier estructura (real o conceptual) como abierta con base en la idea de que está en movimiento. Tal planteamiento, que nace de esta exigencia, conduce a la incorporación del carácter inacabado de cualquier realidad particular, lo cual se relaciona con la categoría de lo indeterminado (...).”

Acerca de las hipótesis en las ciencias sociales
Respecto de la discusión en torno a la importancia de las hipótesis en la formulación de una investigación y respecto de la posición que plantea Zemelman, las breves referencias apuntadas aquí llevan la discusión acerca de su formulación en los estudios con metodología cualitativa, la que gana lugar cada día en las propuestas de investigación en ciencias sociales. Al respecto, Ruíz Olabuénaga (2006: 56-57) afirma: “para iniciar un trabajo cualitativo es necesario contar con un núcleo temático, una situación específica, un fenómeno que gira en torno a un foco de interés. Es preciso igual contar con unas pistas o claves iniciales de interpretación porque se presupone que cada caso, cada situación, cada sujeto, es único, resultante de infinitas combinaciones posibles, es un universal concreto. Estos núcleos y claves equivalen y desempeñan las mismas funciones que la teoría y las hipótesis en los análisis cuantitativos. Por eso mismo renuncia a partir de hipótesis generales, de universales teóricos y abstractos, y prefiere ir en búsqueda de la reconstrucción del proceso formativo del universal concreto”.
Por su lado, Stake (1998: 26) propone reemplazar las hipótesis y las definiciones de objetivos –que delimitan el enfoque y acotan el interés- por la utilización de temas como estructura conceptual y preguntas temáticas que obliguen la atención a la complejidad y a la contextualidad”.

Acerca de los conceptos ordenadores de la investigación
Estos conceptos –uno de los aspectos más originales de la propuesta zemelmaniana-, son estructurantes de la labor científica de un sujeto cognoscente, de quien se espera no sumisión a la teoría sino revisión crítica de la misma. Como indicamos, el uso los conceptos en la función definida como epistemológica permite abrir al razonamiento ámbitos inéditos de la realidad, puesto que el pensar no se restringe a lo denotado por la teoría sino que procura rebasar lo que el autor define como un límite parametral (en este caso teórico). Reflexiones convergentes con este punto de vista se encuentran en la producción metodológica de, por ejemplo, Baz (1998: 63) cuando afirma que: “la manera de preguntar es un analizador privilegiado del horizonte epistémico que despliega el investigador en su movimiento (…) cuestionarse qué pregunta, cómo enuncia sus preguntas, qué categorías pone en juego, son las vías iniciales de interrogación de las que tiene que apropiarse para desarrollar esa capacidad autoreflexiva que es sustento de una posición crítica ante el conocimiento”.

A MODO DE CIERRE

          No es casual que las nueve observaciones, que exponemos en el análisis de los tres bloques temáticos, se encuentren en los primeros dos, que son aquellos donde es más probable que los resabios de una formación metodológica enfocada al registro y análisis de hechos pueden aflorar bajo diversas formas.
          Propusimos en este trabajo una mirada integral sobre la obra de Zemelman, con el formato de un mapa conceptual, que permita reflexionar sobre las particularidades de la investigación en ciencias sociales y humanas. Para ello consideramos diversos aspectos que contribuyen a conformar una mirada globalizadora que se interesa por retener la densidad y la dinámica constituyente de la realidad social al momento de recortar un ámbito para su estudio. 
          Queda la posibilidad de continuar reflexionando acerca de dos formas de pensar y llevar adelante la investigación en ciencias sociales: una, la que propone Zemelman, que no es una pauta metodológica en sí misma sino un modo de transitar el camino que va desde la apertura y recorte de un campo hasta la determinación de un campo de objetos posibles y, otra, la actividad investigativa que cada día los académicos llevamos adelante, producto de una formación y una práctica que no siempre ha permitido ni permite desmontar y reconocer los supuestos implícitos que la orientan. La propuesta analizada es, fundamentalmente, una invitación a iniciar, continuar y/o potenciar el trabajo reflexivo sobre la propia práctica de investigación en procura de resultados genuinos y socialmente relevantes.

NOTAS

1) Para Zemelman (1992b: 127): “el rasgo central del método consiste en transformar el movimiento de la realidad, que se expresa en la relación dado-dándose, en contenidos que, referidos a un ámbito acotado de la misma, puedan sugerir además aquello que los trasciende”.
2) La configuración que logra la reconstrucción articulada puede dar lugar a diversas alternativas de análisis y/o de acción, según sea el punto de esta articulación que se elija para su activación, en tanto los niveles que se entrecruzan son de diversa índole: psicosocial, político, cultural. Por lo tanto, según cuál sea la combinación que el punto articule, distinto será el espacio que se abra para los distintos sujetos, colectivos o individuales.
3) Los sujetos sociales son precisamente constructores de sentido, y solamente en la medida que construyen sentido son reales, no antes ni después (Zemelman, 1997: 20)
4) La idea de contenido lleva implícita “la posibilidad de realidad; posibilidad de realidad que supone que el rompimiento de lo dado se entienda como una necesidad en tanto expresión de la apertura hacia lo indeterminado. Por lo mismo, la posibilidad de realidad consiste en concebir a los límites de los contenidos como lo indeterminado de esos mismos contenidos” (Zemelman, 1992b: 9).
5) (...) consiste en transformar el conjunto de relaciones posibles contenidas en el problema-eje; en recortes de la realidad que cumplan la función de observables empíricos articulables. Al efectuar la definición de observables es necesario tomar en cuenta el doble movimiento de la realidad, el cual consiste en inferir del contenido de las relaciones posibles el recorte de los datos empíricos, y en mantener abiertas las relaciones posibles de articulación entre los datos empíricos, es decir, no establecer un orden jerarquizado que los vincule (Zemelman 1987: 80, cursiva nuestra).
6) Con esta imagen, la autora alude a las incoherencias que suelen producirse entre la explicitación de ciertas concepciones acerca de la complejidad de la realidad y las resoluciones de tipo metodológico con que se asocian las mismas.
7) Por otra parte, la acreditación individual que ofrecen los programas de posgrado a sus estudiantes, obturan también la posibilidad de trabajo en equipo, respaldo de central importancia en el proceso de análisis (y por tanto con un papel central en la consistencia y validez del conocimiento que se produce en dicho proceso).

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22 ZEMELMAN, H (1982) Reflexiones teórico-metodológicas sobre investigación en población. México, El Colegio de México.

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