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ARTÍCULO ORIGINAL

Guerra, crisis identitaria y búsqueda espiritual en la narrativa de J.D. Salinger

(War, identity crisis and spiritual search in J.D. Salinger’s narrative)

Eva Lencina*

*    Facultad de Filosofía y Letras – Universidad Nacional de Tucumán. Benjamín Aráoz 800 – CP 4000 - S.M. de Tucumán – Tucumán – Argentina. Correo Electrónico: evalencina@live.com.ar

RESUMEN

            En el presente artículo nos proponemos realizar una lectura sociocrítica de los temas de la guerra, la crisis identitaria y la búsqueda espiritual en la narrativa de J.D. Salinger. Restringiremos nuestro análisis sólo a aquellas obras del autor en que mejor se articulan los temas escogidos: “A Perfect Day for Bananafish” (1948) y “For Esmé – with Love and Squalor” (1950).
              La elección del corpus responde a razones intrínsecas a la obra de Salinger. Los cuentos escogidos no sólo son los más conocidos y analizados por la crítica del autor, sino los que consideramos los más representativos de su obra y aquellos que contienen una síntesis programática de los temas de la guerra, la crisis identitaria y la búsqueda espiritual, como luego se desarrollarán en la totalidad de la narrativa de J.D. Salinger.
            Como motivación teórica, procuraremos solventar la carencia de perspectivas sociohistóricas de la que adolece la crítica salingeriana, las cuales consideramos que pueden brindar resultados novedosos al poner la obra de Salinger relación con un contexto más amplio. Utilizaremos como marco teórico la teoría de Lucien Goldmann conocida como “estructuralismo genético”, la cual nos permitirá establecer un análisis cuya amplitud abarcará desde la comprensión (inmanente) de la estructura textual hasta la explicación (trascendente) de ésta por medio de su inclusión en estructuras significativas más amplias, tales como el contexto histórico y cultural de la época y la clase social a la que perteneciera el autor, así como el campo literario en que su obra ha llegado a canonizarse.
            Como resultado de nuestra investigación confirmaremos, en la obra de Salinger, la presencia de una visión del mundo que hemos dado en llamar “religante” y que mantiene con la visión del mundo correspondiente a la burguesía ilustrada norteamericana de la década del cincuenta una relación de homología: la visión del mundo presente en la obra de Salinger es consecuencia del enfrentamiento entre el autor y la sociedad de su época, confrontación que sólo puede resolverse mediante la construcción de una nueva visión del mundo que lidia con la problemática social e identitaria de la década del cincuenta y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.

Palabras Clave: Bananfish, Búsqueda Espiritual, Crisis Identitaria, For Esmé, Goldmann, Guerra, Salinger.

ABSTRACT

            In the present article, we intend to perform a socio-critical reading of the topics of war, identitary crisis and spiritual search in J.D. Salinger’s narrative. We will restrain our analysis only to those works by the author in which the chosen topics are best articulated: “A Perfect Day for Bananafish” (1948) and “For Esmé – with Love and Squalor” (1950).
            As theoretical motivation, we seek to solve the lack of socio-historical perspectives suffered by the salingerian critic. We will use as theoretical frame Lucien Goldmann’s theory known as “genetic structuralism”, which will enable us to establish an analysis whose width includes the understanding (immanent) of the textual structure, as well as the explanation (transcendent) of this through its inclusion in wider significant structures, such as the historical and cultural context and the author’s social class, as well as the literary field in which his work has reached canonization.
            As a result of our investigation we will confirm, in Salinger’s work, the presence of a world view we call “relegating”, which maintains a homology relation with the American illustrated bourgeoisie of the fifties: the world view present in Salinger’s work is a consequence of the confrontation between the author and the society of his time, confrontation that can only be solved through the building of a new world view that deals with social and identity problems of the fifties and the Second World War consequences.

Keys Words: Bananafish, Spiritual Search, Identity Crisis, For Esmé, Goldmann, War, Salinger.

INTRODUCCIÓN

            En el presente artículo nos proponemos realizar una lectura sociocrítica de los temas de la guerra, la crisis identitaria y la búsqueda espiritual en la narrativa de J.D. Salinger. Para ello, restringiremos nuestro análisis a dos cuentos que articulan estos temas: “A Perfect Day for Bananafish” (1948) y “For Esmé – with Love and Squalor” (1950), ambos contenidos en Nine Stories (1953).

ESTADO DE LA CUESTIÓN

            Desde la década de 1960, mucho ha sido lo que se ha escrito sobre J.D. Salinger y su obra, específicamente en Estados Unidos; alentados por el misterio que rodeó a la desaparición pública del escritor, la crítica se ha dedicado con especial afán a intentar desentrañar los secretos que esconde su obra. Por lo general, se ha tomado como presupuesto que la misma, detrás de un aparente estilo realista y de un lenguaje poco ampuloso, esconde profundos simbolismos que se relacionan con una particular visión del mundo que se desarrolla de la mano de distintas escuelas de la religiosidad oriental y una interpretación personal del cristianismo así como de la crisis espiritual de Occidente.
            En la crítica salingeriana, encontramos, por un lado, una vertiente sensacionalista, centrada en la figura del autor y en su polémica desaparición mediática, cuyas apreciaciones poseen una base biografista relacionada con la investigación periodística (Hamilton, 1988; Alexander, 1999). Por otro lado, una vertiente de crítica literaria dedicada principalmente al análisis inmanente de los textos (apoyándose en algunos casos en ciertas formas más bien laxas de psicologismo) que ha sido capaz de reconocer en la obra de Salinger los principales intertextos culturales: la Segunda Guerra Mundial y la Posguerra, el auge de las religiones orientales en Occidente en la década del ’60 y la cultura beatnik (French, 1963, 1969, 1988; Lundquist, 1980; Bloom, 1987, 2000, 2008).
            Quizá uno de los autores que de manera más abarcadora haya estudiado la obra de Salinger sea James Lundquist (1980), que hace especial hincapié en la influencia que la experiencia bélica tuvo en el autor y en la que tuvieron también las filosofías orientales que transitaría Salinger durante la década de 1950. Estas últimas terminarían filtrándose completamente en su escritura, concretamente en las respuestas espirituales que intentó dar a la crisis identitaria característica de la Norteamérica de la segunda postguerra.
            Los temas de la guerra y de la búsqueda espiritual en la obra de Salinger han sido tratados respectivamente por críticos como Levine (1953), Hassan (1962), Stevenson (1962) y Wenke (1987), por un lado, y Jacobsen (1962), Gwyn y Blotner (1958), O’Connor (1987), Bryan (1962) y Pattanaik (1998), por el otro. Sin embargo, usualmente han sido desarrollados como temáticas separadas y en escasas ocasiones se ha buscado comprender la trabazón profunda entre ambos temas en relación al problema de la situación crítica de la identidad norteamericana después de la experiencia bélica de la II Guerra Mundial.
            Como motivación teórica, procuraremos solventar la carencia de perspectivas sociohistóricas de la que adolece la crítica salingeriana y que consideramos que puede subsanar esta falta de conexión entre algunos de los tópicos más importantes en la narrativa del autor. Con este fin, utilizaremos como marco teórico y sustento metodológico la teoría de Lucien Goldmann conocida como “estructuralismo genético”.

OBJETIVOS

            Este trabajo tiene como objetivo general solventar la carencia de perspectivas sociohistóricas de la que adolece la crítica salingeriana. Como objetivos específicos, nos proponemos determinar la estructura significativa característica de la obra de Salinger, así como la visión del mundo que la atraviesa, siguiendo los conceptos delineados por Goldmann.
            La visión del mundo que expresa un desequilibrio identitario y la búsqueda de religación (que llamaremos visión del mundo religante) tiene como espacio de emergencia a la burguesía ilustrada neoyorquina de la década del cincuenta (cfr. para el orientalismo norteamericano de los cincuenta: Eco, 1992, 251-276). Esta visión del mundo se manifiesta en el esquema narrativo dominante de la obra de J.D. Salinger y se expresa particularmente en las ficciones analizadas debido a la síntesis programática que éstas presentan de los tópicos salingerianos.

METODOLOGÍA

            El abordaje del análisis de una obra literaria como la de J.D. Salinger en relación con sus condiciones socio-históricas de producción no puede basarse simplemente en la exposición de una supuesta relación directa, mediante la cual ciertos acontecimientos históricos (como la participación del autor en la II Guerra Mundial), condicionamientos de clase (el hecho de ser un escritor judío neoyorquino) o tendencias de época (la moda de del Zen y el espiritualismo oriental desde la década del cincuenta en adelante) se articularían en la obra literaria. Es necesario comprender estas relaciones en toda su complejidad y elegir, para su análisis, un método que contemple en su totalidad la riqueza de los procesos de significación más sutiles de los sistemas culturales.
            Consideramos que la teoría del “estructuralismo genético” propuesta por Lucien Goldmann resulta sumamente operativa para la comprensión de estos tópicos. Su metodología, consistente en la comprensión de una obra en sus niveles estructurales, así como en la explicación de la misma al situarla en estructuras significativas más amplias, nos permitirá reconstruir lo que el teórico franco-rumano ha definido como “visión del mundo”, concepto por el cual se entiende el conjunto de las estructuras mentales de las clases sociales (delimitadas en cada estructura por una relación de homología) y su respuesta, más o menos coherente, a las circunstancias históricas que configuran sus condiciones materiales de existencia.
            Según Goldmann, la visión del mundo es:

[…] precisamente este conjunto de aspiraciones, de sentimientos y de ideas que reúne a los miembros de un grupo (a menudo, de una clase social) y los opone a los demás grupos. Es, sin duda, una esquematización, una extrapolación del historiador, pero la extrapolación de una tendencia real entre los miembros de un grupo que realizan esta consciencia de clase de una manera más o menos consciente y coherente (1968, 29).

            Podría también decirse que las visiones del mundo son formas o estructuras mentales de carácter colectivo cuya infraestructura radica en las clases sociales, las cuales son en última instancia “el verdadero sujeto de la creación” (1964, 228).
            El concepto de valor dentro de la teoría goldmanniana se articula con base en la complejidad de las mediaciones que conforman la estructura de una obra literaria en relación con la totalidad social. Las obras que poseen un valor relevante constituirían, de esta manera, universos imaginarios cuya estructura posee una relación de homología con las visiones del mundo producidas dentro de las clases sociales (una obra poseería un mayor valor literario o estético si su relación de homología con determinada visión del mundo fuese compleja y no un mero reflejo de sus condiciones de producción ni una transposición temática de las experiencias sociales). Goldmann destaca la importancia de la coherencia entre la obra y la visión del mundo que aquélla reproduce para determinar su valor concreto como creación cultural:

El escritor importante es precisamente el individuo excepcional que consigue crear en cierto campo, el de la obra literaria […], un universo imaginario, coherente o casi rigurosamente coherente, cuya estructura corresponde a aquella hacia la que tiende el conjunto del grupo; en cuanto a la obra, resulta más mediocre o más importante a medida que se aleja o se aproxima a la coherencia rigurosa (1964, 227).

            En nuestra investigación será necesario el análisis tanto de la obra literaria como de la estructura significativa compuesta por los múltiples factores que intervienen en las condiciones de producción a nivel socio-histórico. En este sentido, Goldmann plantea que el análisis de cada estructura significativa debe llevarse a cabo mediante herramientas y conceptos que le sean propios, por lo cual, a la hora del análisis literario inmanente, utilizaremos una caja de herramientas conceptuales que abrevan tanto en teorías narratológicas (Barthes, 1974; Bremond en Barthes, 1974; Greimas, 1974; Todorov, 2005; Genette, 1989) para determinar el nivel de la comprensión estructural de la obra.
            Dadas las limitaciones de esta comunicación, no expondremos en detalle el análisis de cada estructura significativa donde se articula la visión del mundo expresada por la obra de Salinger, sino que daremos cuenta de los resultados más significativos a los que hemos arribado por medio de tal análisis. A partir de la comprensión textual de la obra literaria, remitiremos a las estructuras significativas más amplias en la medida en que esto privilegie la explicación de la visión del mundo que constituye nuestra hipótesis.
            Poner en claro la estructura religante de la obra de J.D. Salinger constituye un proceso de comprensión (inmanente); insertar la obra dentro del sector específico de la clase social en la que tiene su origen, despejando la estructura significativa del mismo, es un proceso de comprensión con relación a éste, pero de explicación (trascendente) con respecto a la obra de Salinger. Luego, insertar el sector de la burguesía ilustrada en el que surge la obra de Salinger dentro del mapa más completo de clases y sectores sociales de la Norteamérica de posguerra es explicar al primero y comprender al segundo, y así sucesivamente, siguiendo un proceso totalizador que procura dar cuenta de la génesis de las estructuras, dado que las más abarcadoras funcionan como matriz donde se engendran las estructuras significativas menores.

“A PERFECT DAY FOR BANANAFISH” (1948) y “FOR ESMÉ – WITH LOVE AND SQUALOR” (1950)

            “A Perfect Day for Bananafish” (The New Yorker, 1948) es una narración separada en tres segmentos: presenciamos en el primero la conversación telefónica de Muriel Glass que, desde un hotel en Florida, habla con su madre en Nueva York. Corre el año 1948 y las dos mujeres hablan acerca de ropa y del esposo de Muriel, Seymour, quien ha vuelto hace poco de Europa, donde permanecía internado por razones psiquiátricas luego de su participación en la guerra. El comportamiento de Seymour es errático y extraño y la madre de Muriel teme por la seguridad de su hija, en especial debido a las opiniones del psicólogo de la familia. En el segundo segmento, asistimos a las acciones de Seymour, simultáneas a las de su esposa. Seymour charla en la playa con Sybil Carpenter, una niña de unos cinco años alojada en el mismo hotel. Juntos van al agua, donde Seymour le enseña sobre los “peces banana” y Sybil dice ver uno. Luego se despiden. En el tercer segmento, que sirve de coda, Seymour Glass, inmediatamente después de separarse de la niña, regresa al hotel. En el ascensor, tiene una discusión con una mujer a la que acusa de mirar sus pies. Luego entra a la habitación en la que Muriel está durmiendo y se suicida disparándose un tiro en la sien.
            Por otro lado, el cuento “For Esmé – With Love and Squalor” (The New Yorker, 1950) está separado en cuatro segmentos. El primero se sitúa en 1950 y anuncia que el relato será una narración retrospectiva de hechos ocurridos en 1944 en homenaje a la próxima boda de Esmé, ahora una joven de diecinueve años. En el segundo segmento, asistimos a la narración en primera persona de un joven soldado, con pretensiones de escritor y cursando entrenamiento en Devon, Inglaterra, justo antes del Día D. La tarde antes de partir hacia el continente, conoce en una casa de té a Esmé, de trece años, y a su hermano Charles, de cinco, huérfanos de la guerra. Charla con Esmé mientras Charles juega y le hace adivinanzas. La niña tiene un amplio vocabulario y autoestima, y le hace muchas preguntas al soldado. Finalmente se despiden, luego de que Esmé le haga prometer que algún día le escribirá un cuento acerca de la “sordidez”, palabra que el soldado duda que la niña comprenda en realidad. El tercer segmento es breve e inmediatamente posterior: Esmé trae a Charles de vuelta a la casa de té, obligándolo a saludar al soldado con el que el niño se había enojado por resolver su adivinanza. El soldado hace las paces con Charles y se despiden. En el cuarto y último segmento, la narración cambia drásticamente y se anuncia que comenzará la parte “sórdida” de la historia: el punto de vista cambia a la tercera persona y reconocemos al soldado anónimo en el Sargento X, ahora en una casa ocupada en la Alemania posterior al Día de la Victoria de los aliados. El sargento se encuentra atravesando una crisis nerviosa y observamos todos los síntomas físicos característicos (manos temblorosas, tics nerviosos, náuseas y vómito). Luego de una charla con un camarada en que se reflejan, como en “Bananafish”, ciertas concepciones acerca del saber psiquiátrico, y de encontrar un libro perteneciente a los antiguos habitantes de la casa, una familia nazi, el Sargento X abre una carta de Esmé donde la chica le envía, roto por el viaje, el reloj que perteneciera al padre de ésta. Charles también firma la carta, mandando saludos. Finalmente, el sargento experimenta una suerte de alivio y puede dormir.
            Comencemos por establecer claramente las similitudes entre ambos cuentos, para más adelante ver los principios donde varían. En primer lugar, ambas ficciones tienen como protagonista a veteranos de la Segunda Guerra Mundial, en cuya composición recae una gran carga autobiográfica: al igual que Salinger, tanto Seymour como el Sargento X cumplieron funciones de contrainteligencia, con el cargo de sargento, y atravesaron luego un desequilibrio nervioso a raíz de la experiencia bélica (cfr. Slawenski, 2010, 47-48 y Alsen, 2002). En segundo lugar, ambos protagonistas se encuentran durante la narración con figuras infantiles que destacan por su pureza en un mundo que la ha perdido (al menos desde el punto de vista del protagonista), lo cual constituye una notable constante en la obra de Salinger. Finalmente, ambas ficciones comparten una estructura narrativa claramente dividida (mediante espacio tipográfico) en secciones.
            Con respecto a las diferencias fundamentales entre las dos ficciones, destacaremos las siguientes: la estructuración en segmentos narrativos tiene ejes distintos, pues en “Bananafish” sirve para establecer un principio dicotómico entre un mundo frívolo y otro auténtico y espiritual (que se sintetizan en la breve coda en la que Seymour Glass vuelve a la habitación del hotel donde encontramos a su esposa) cuyos acontecimientos suceden a la vez (es decir, lo que varía es el punto de vista del narrador). Por otro lado, en “For Esmé”, los segmentos sirven para estructurar el cuento desde su eje cronológico, mientras que el punto vista no varía (aunque sí lo haga el narrador, que pasa de la primera a la tercera persona de manera enigmática), estableciendo así un “antes” y un “después” de la guerra, la cual queda significativamente elidida del relato. En términos greimasianos, el primero se situaría en una disyunción actancial, mientras que el segundo lo haría una disyunción temporal. “Bananafish” se situaría en el “después” de la guerra, por lo que ambos cuentos muestran de distintas maneras los efectos de la experiencia bélica.
            Otra diferencia fundamental radica en la resolución de las ficciones: mientras que Seymour, el protagonista de “Bananafish”, termina suicidándose sorpresivamente, el Sargento X de “For Esmé” experimenta una suerte de redención y alivio de sus padecimientos psíquicos al leer la carta que le envía la niña que conociera antes de la guerra. Ahora bien, podríamos, según esto, establecer que la resolución del primer cuento entra dentro del polo negativo mientras que la del segundo, en el polo positivo. “Bananafish” sería un cuento donde el protagonista se da por vencido sin lograr superar su crisis, mientras que en “For Esmé”, el Sagento X lograría encontrar esperanza. Sin embargo, esta valoración cambia drásticamente al tener en cuenta ciertos indicios textuales en “Bananafish” (la parábola de los peces banana y las referencias veladas a principios del budismo Zen) (1) y las interpretaciones de la crítica especializada (Lundquist, 1980, 80; Slawenski, 2010, 161-162, McDuffie, 2011, 38), que verían las acciones de Seymour Glass como una salida racional de la vida (un desprendimiento del mundo material a favor de una vida espiritual) y no como un suicidio intempestivo producto de un desequilibrio emocional (punto de vista con el que, sin embargo, parecen acordar Gwynn y Blotner, 1958, 19-20; Bryan, 1962, 229). Desde este punto de vista, tanto “Bananafish” como “For Esmé” se ubicarían en el polo positivo, como respuestas esperanzadas a la crisis surgida de la Segunda Guerra Mundial.

LA ESTRUCTURA SIGNIFICATIVA EN LA OBRA DE J.D. SALINGER

            Mediante un análisis narratológico greimasiano de las funciones actanciales presentes en ambas narraciones (Greimas, 1974), hemos podido determinar una estructura (o movimiento) común que consideramos que se presenta de manera más o menos constante, y con mínimas variaciones o evoluciones, a través de toda la obra de Salinger. Hemos dado en llamar a este movimiento “estructura de equilibrio y pedagogía recíprocos” y puede explicarse de la siguiente manera: se trata de una estructura significativa que articula un doble movimiento en la obra de Salinger. Por un lado, el sujeto parte de una situación de crisis en búsqueda del equilibrio perdido; por el otro, el sujeto procura la salvación de la pureza, que cree perdida en los adultos y que encuentra en los niños, mediante la instrucción de estos últimos; es decir, ejerce una pedagogía (en su sentido etimológico, “guía del niño”) con la esperanza de salvarlo del destino de desequilibrio que él mismo sufre o de sordidez que observa en quienes lo rodean. La comunicación pedagógica con los niños suele darse de manera simbólica a través de la narración de cuentos o parábolas (2). Sin embargo, estos dos movimientos (buscar el equilibrio y enseñar a los niños) son interdependientes: el sujeto busca el equilibrio mediante el contacto con la pureza de la infancia, que entraña también una sabiduría, permitiéndole purgarse espiritualmente o retornar al equilibrio perdido. De esta manera, podría decirse que el sujeto experimenta una suerte de ascesis (en el sentido de ascenso espiritual) pedagógica que le es posibilitada por los niños (3). Este retorno a un equilibro perdido (debido a la guerra, debido a la falsedad del mundo adulto) constituye una religación, pues consiste en volver a unir (religare) aquello que alguna vez fue una sola cosa (en este caso, los motivos que Salinger representa como antitéticos, pero complementarios: la psiquis y el equilibro emocional, el sujeto y su identidad, el artista y su concepción religiosa, etc.). Sin embargo, en busca de esa religación, lo que los personajes de Salinger suelen encontrar en las soluciones compositivas de sus narraciones es una epifanía (4) acerca de la compasión y la aceptación del otro, convirtiendo el término de su búsqueda en una religación espiritual con el todo y no en una nueva identidad (unión individualista consigo mismo). Este resultado está en consonancia con la premisa oriental de renuncia al yo y al ego que practicaba Salinger y que configura el subtexto simbólico de la mayor parte de su obra.
            Tomemos como punto de partida el hecho de que tanto Seymour Glass como el Sargento X son Sujetos de la narración. Sus búsquedas se orientan en ambos casos hacia un equilibrio perdido, principalmente a causa de la experiencia bélica. Por otro lado, sus esfuerzos también están orientados hacia Sybil, en el caso de Seymour, y hacia Esmé y Charles, en el caso del Sargento X. El Objeto es practicar con ellos una suerte de guía o pedagogía que preserve su pureza infantil (a pesar de que los niños son representados sin idealizaciones, con defectos tales como los celos en el caso de Sybil o la soberbia y vanidad en el de Esmé) y esto se lleva a cabo mediante narraciones simbólicas o cuentos que ejemplifican algún principio trascendente: en el caso de Seymour, es la parábola de los peces banana, consumidos por la satisfacción del deseo material; en el caso del Sargento X, la totalidad de “For Esmé” es el cuento que envía a la joven y cuyo objetivo dice ser el de “edificar, instruir” (133). El Objeto del Sargento X, además, echa luz sobre el de Seymour, que se presenta como ambiguo.
            Ambas narraciones se articulan en torno a los tópicos del soldado desequilibrado (Seymour y el Sargento X) y del niño sabio (Sybil, Esmé y Charles), los cuales constituyen, en su nivel actorial, funciones actanciales fijas en la obra de Salinger, no sólo temas recurrentes. En otras ficciones del autor, estas funciones son actualizadas por personajes con ciertas variaciones; por ejemplo, la función del “soldado desequilibrado” es también llenada por Holden Caulfield en The Catcher in the Rye (1951), a pesar de que se trate sólo de un joven de dieciséis años que jamás ha estado en la guerra (5). Por otro lado, la función “niño sabio” no siempre es llenada por un niño de virtudes idealizadas, tal como sucede con los casos que analizamos. En otras ficciones, sin embargo, la función es llenada por un individuo sin fisuras morales, como Phoebe y Allie Caulfield en The Catcher in the Rye (1951), Lionel Tenenbaum en “Down at the Dinghy” (1949) o Teddy McArdle en “Teddy” (1953).
            La estructura que hemos dado en llamar “de equilibrio y pedagogía recíprocos” puede ser encontrada en otras ficciones salingerianas con efectuar sólo un breve racconto de las mismas: además de estar presente en “Bananafish” y “For Esmé”, también sirve para articular “The Laughing Man” (1949), en la que John Gedsudski actualiza la función de “soldado” que alecciona a los niños del Club de los Comanches mediante el cuento del hombre que ríe, comunicación simbólica que lo conecta con la niñez, pero que se ve repentinamente truncada debido al fracaso de su relación con Mary Hudson, arrojando a los niños al desierto de la adultez. También en “Raise High the Roof Beam, Carpenters” (1955), la obra se abre con un episodio de la adolescencia de Seymour y Buddy, donde el hermano mayor le narra un cuento taoísta a Franny, la menor de la familia, en ese entonces de sólo diez meses, con la seguridad de que la acción de narrar tiene sentido aunque la niña no parezca comprenderla. Finalmente, podría decirse que la misma actividad literaria de J.D. Salinger actualiza tal estructura significativa, cumpliendo el propio autor la función de “soldado” y los lectores, la de niños sabios; su literatura es la forma de comunicación simbólica que ejerce de guía espiritual.
            Por otro lado, hay otros casos en que la función Sujeto está llenada en el nivel actorial por el tópico del niño sabio: como los hermanos Glass, en especial Seymour y Buddy durante los episodios de su infancia narrados en “Seymour: an Introduction” (1959) y “Hapworth 16, 1924” (1965).

ESTRUCTURAS SIGNIFICATIVAS ABARCATIVAS DE LA OBRA DE SALINGER

            Para dar cuenta por completo de la visión del mundo que la obra de Salinger articula, será eventualmente necesario ahondar en estructuras significativas más amplias que mantendrían una relación de homología entre ellas, conformando así una visión del mundo coherente. Ensayaremos un breve recorrido por las mismas:
            En el nivel más cercano, el de la experiencia vital del autor, hemos mencionado ya cómo existe una probada estructura significativa homóloga a la desplegada en su obra, siendo su vida y su actividad literaria coherentes con la estructura que articula gran parte de su obra.
            En el nivel inmediatamente superior, el del campo literario de la literatura norteamericana de la segunda posguerra, podemos observar algunos autores que marcan una tendencia análoga a la encontrada en la obra de Salinger: los autores de la Beat Generation (Ginsberg, Kerouac, Corso, Ferlinghetti y, marginalmente, William Burroughs) despliegan en sus obras diversas manifestaciones de furia y desorientación espiritual que los lleva a hacerse eco de las tendencias orientales que emergían en Occidente por la época (aunque de manera más superficial que en la obra de Salinger). Portavoz de su generación fue Allen Ginsberg (1926-1997), con su extenso poema “Howl” (1956), donde la búsqueda de equilibrio aparece representada por la santificación paradójica de un sistema axiológico de vicios y experiencias juveniles. También revisten importancia autores como Truman Capote (1924-1984) y Carson McCullers (1917-1967), cuyas obras están plagadas de personajes desgraciados y “freaks” que buscan una suerte de religación espiritual en el amor y el contacto frustrados con el prójimo. Por otro lado, la autora católica Flannery O’Connor (1925-1964) expresa en su obra la búsqueda de equilibrio a través de un cierto atavismo bíblico.
            El mundo cultural de la época también expresa una marcada pérdida de valores y desorientación espiritual, formuladas principalmente en el emergente concepto de adolescencia (también alimentado por la obra más famosa de Salinger, The Catcher in the Rye, aunque no fuese ésta la intención del autor) que cobra vida en el mundo hollywoodense a través de películas como Rebel Without a Cause (1955) de Nicholas Ray o East of Eden (1955) de Elia Kazan, ambas protagonizadas por la mítica figura de James Dean.
            En el nivel de la clase social de pertenencia del autor, cabe destacar que la burguesía ilustrada de la época (Salinger pertenecería a la burguesía neoyorquina de origen judío) estaba ingresando al período de la Guerra Fría, caracterizado por un marcado maniqueísmo ideológico y cultural (Estados Unidos y el capitalismo se oponen a la Unión Soviética y su comunismo), que podemos de una u otra forma observar también en la obra de Salinger, aunque los polos de la oposición sean radicalmente distintos (el autor construye un mundo de oposiciones basado en la dicotomía entre la frivolidad y la espiritualidad, la corrupción y la pureza, los adultos y los niños, etc.).

CONCLUSIÓN: LA VISIÓN DEL MUNDO RELIGANTE

            Como hemos visto, la visión del mundo es para Goldmann una “síntesis de abstracciones justificadas” (1972, 9), en tanto forma de conocimiento concreto. Una obra literaria o artística, como toda creación cultural, es capaz de expresar con coherencia, aunque no siempre lo haga, las estructuras mentales de carácter colectivo que subyacen a las experiencias de las clases sociales. La visión del mundo yace en el seno de la sociedad como un sistema ideológico y afectivo que busca dar respuesta totalizadora a un problema histórico determinado.
            Sin embargo, la novela para Goldmann (6) sería incapaz de articular una visión del mundo coherente, pues corresponde, como forma literaria, a una época en que las relaciones entre los sujetos se encuentran alienadas por el sistema de producción capitalista. Según Goldmann, el género de la novela, forma de expresión de la civilización moderna por excelencia, no actualiza ninguna conciencia de clase posible:

En nuestra opinión, la forma novelesca es, en efecto, la transposición al plano literario de la vida cotidiana en la sociedad individualista nacida de la producción para el mercado (1964, 24).

              Para la sociedad burguesa, la novela ingresaría en ese amplio sector de la producción cuyo valor es “de cambio”, y ya no “de uso”, como correspondería a las creaciones culturales cuyos valores representan los intereses de las clases sociales. Es difícil no ver en la concepción que Goldmann posee del universo de lo novelesco una valoración de tono apocalíptico (en términos de Umberto Eco) hacia la alienación de la conciencia social implicada en la cultura de masas, en la reproductibilidad técnica de sus creaciones y, por supuesto, en la pérdida de una cierta dimensión aurática (para usar el clásico concepto de Walter Benjamin). 
              Ahora bien, consideramos que la estructura significativa presente en la obra de Salinger, aunque no articula una visión del mundo concentrada en la experiencia de una sola clase social (como podría ser su clase de pertenencia: la burguesía ilustrada neoyorquina), creemos que sí busca estructurar una visión del mundo que sintetice, por un lado, la experiencia traumática de la guerra, y por el otro, la inconsciencia en que la sociedad norteamericana, arrojada a la ficción del sueño americano, se encuentra sumida, durante el período de posguerra, con respecto a ese “Real” inquietante y desestabilizador introducido por la experiencia bélica. La síntesis que plantea Salinger corresponde a una voluntad de “religar” ambas partes de la ecuación en un sistema de valores originarios (que en Salinger cobra la forma de una búsqueda religiosa). Esta voluntad de síntesis aparece a nivel de estructuras significativas más amplias: otros textos literarios que circulaban en la época, el cine y la cultura de masas, todas manifestaciones que más adelante se articularían en nuevas formas de vida, correspondientes en su mayoría a ideologías juveniles.
            Para Goldmann, una obra de gran valor artístico se caracteriza por su capacidad de conferir coherencia y rigor a la visión del mundo que expresa. Así, queda sobreentendido que la visión del mundo debe existir como entidad social previamente a su manifestación en las creaciones culturales, que a la vez colaboran para moldearla. Es por ello que, si bien la voluntad de síntesis que hemos mencionado no corresponde a una búsqueda de valores defendida efectivamente por un grupo social homogéneo, es de creer que se trata de una forma de consciencia de carácter colectivo, latente e incluso parcialmente actualizada en numerosas manifestaciones de la cultura norteamericana de posguerra. Esta voluntad de síntesis es actualizada por la ficción salingeriana y debido a las múltiples instancias de simbolización que, como hemos visto, complejizan su manifestación artística, consideramos que la obra de Salinger reviste de valor artístico, en términos goldmannianos.
            De manera provisoria, podríamos concluir proponiendo que esta voluntad de síntesis de experiencias opuestas de la sociedad norteamericana (que en Salinger se encarna en una tendencia a dicotomizar el mundo de la experiencia) se manifiesta estructuralmente en numerosos sectores de la cultura y que articula una visión del mundo que podríamos denominar “religante”. De esta forma, la estructura significativa de equilibrio y pedagogía recíprocos que identificamos en la obra de Salinger corresponde de manera coherente a esta visión del mundo religante. Ésta, a su vez, mantiene una relación de homología estructural con la visión del mundo de la burguesía ilustrada norteamericana de la década del cincuenta (en la cual situamos a Salinger). Como adelantamos en la introducción, consideramos que la visión del mundo religante propuesta a través de la narrativa salingeriana constituye una estrategia de resistencia discursiva del autor frente a la sociedad de su época, una confrontación que sólo encuentra resolución mediante la construcción de esta nueva y propia visión del mundo que, mientras lidia con la problemática social e identitaria de su tiempo, propone una suerte de solución para el conflicto identitario con que el autor se posiciona a sí mismo en su época. Y esta solución, en universo narrativo salingeriano, siempre se construye en términos de espiritualidad religiosa
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NOTAS

1) Acerca de las referencias al budismo zen en la obra de Salinger, cfr. Lencina, 2012
2) Acerca de la comunicación espiritual con los niños en la obra de Salinger, véase mi tesis de próxima publicación (cfr. Lencina, 2015 [en prensa]) y en especial el capítulo “La hipodiégesis como estrategia narrativa en la obra de J.D. Salinger: el recurso de la parábola pedagógica”.
3) Para las fuentes intertextuales de esta estructura, cfr. Lencina, 2015 [en prensa], en especial el capítulo titulado ‘“El único gran poeta de este siglo”: la influencia de Rainer Maria Rilke en la obra de J.D. Salinger’.
4) El tópico de la revelación final es un elemento constante en la tradición de la short story norteamericana, tomado por los autores de la Lost Generation a partir la obra de James Joyce, quien bautizara a este recurso como “epifanía” (cfr. Hendry, 1946). Salinger, inspirándose tanto en el modernismo anglosajón como en los relatos de Hemingway y Sherwood Anderson, adaptó esta técnica literaria (basada en que todo el relato apunte hacia una revelación final acerca del sentido de la existencia) a sus propios intereses religiosos.
5) Aunque cabe aclarar que en narraciones anteriores a 1948 pertenecientes a lo que denominamos la saga Caulfield (cfr. Lencina, 2013), Holden Caulfield es un soldado en la Segunda Guerra Mundial e incluso se presume que su historia concluye con él “perdido en acción”.
6) Las apreciaciones de Goldmann en torno a la novela se concentran especialmente en la novela realista decimonónica. Sin embargo, en la narrativa contemporánea, tanto en la novela como en el relato, el desarrollo de técnicas experimentales y de una complejización de las instancias receptivas ha producido (como bien argumentaba Adorno a favor de la narrativa proustiana, cfr. Adorno, 2003) una literatura con mayor capacidad para expresar la conciencia posible de la clase social desde la cual se produce la obra. Es por ello que, al analizar la obra de Salinger, abundante en subtextos simbólicos y en recursos experimentales, comprendemos que es mayor su capacidad para ofrecer una visión del mundo más coherente e integral que el canon de la novela decimonónica.

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